Historia de la Lucha por la Independencia de Puerto Rico de Ché Paralitici: Un Comentario | Puerto Rico entre siglos: Historiografía y cultura

Posted in Colonialism, Estudios puertorriqueños, Historia, imperialismo, Movimientos Sociales, sociología with tags , , , , , , on April 18, 2018 by jose anazagasty

Para Paralitici su libro “presenta una breve historia” de las luchas por la independencia de Puerto Rico. Pero esa brevedad no es para nada equivalente a un relato simplista y ligero de esa historia. Es todo lo contrario. Se trata de una historia sucinta pero riquísima en información, la que Paralitici relata sobre la base de abarcadoras observaciones, profundas indagaciones, valiosos datos y acertados comentarios acerca del movimiento independentista y sus organizaciones.

Source: Historia de la Lucha por la Independencia de Puerto Rico de Ché Paralitici: Un Comentario | Puerto Rico entre siglos: Historiografía y cultura

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Juan Mari Brás y el Colonialismo Ambiental – 80grados

Posted in Uncategorized on April 7, 2018 by jose anazagasty

Mi columan sobre en concepto del colonialismo ambiental de Juan Mari Brás.

Source: Juan Mari Brás y el Colonialismo Ambiental – 80grados

Golightly en Porto Rico – 80grados

Posted in Colonialism, Estudios Americanos, Estudios puertorriqueños, Historia, imperialismo with tags , , , , , , on December 23, 2017 by jose anazagasty

Morrill desaprobó como inmorales muchas las prácticas sociales y culturales puertorriqueñas. En su caracterización negativa de los puertorriqueños en Sea Sodoms Morrill no fue muy distinto de los otros autores estadounidenses que escribieron sobre la Isla después de la Guerra Hispanoamericana. Lo distinto fue el modo cínico o satírico de su representación. Golightly fustigó y satirizó a los puertorriqueños como ningún otro.

Source: Golightly en Porto Rico – 80grados

Puerto Rico se levanta: ¿para volver a caer?

Posted in América Latina, Desastres, ecología, sociología with tags , , , , , on December 3, 2017 by jose anazagasty

Cataño, P.R. (Fuente: El Comercio, Perú)

Durante y después del paso del huracán María los puertorriqueños enfrentamos numerosos peligros y cuantiosas pérdidas. Tristemente, varios puertorriqueños perdieron sus vidas. Muchos otros perdieron sus casas o estas requieren de costosas reparaciones. Además, muchos puertorriqueños han enfrentado carencias, a medida que se redujo la disponibilidad de diversos bienes básicos, incluyendo alimentos y combustibles. La disponibilidad de recursos y servicios de agua potable y electricidad, así como la de los servicios de salud, también ha sido limitado. Al mismo tiempo, y como consecuencia del colapso de los servicios de teléfono e Internet, muchos hemos tenido poco contacto y comunicación con nuestros familiares y amigos. Para muchos otros, el acceso a otros medios, como la radio y la televisión, también ha sido escaso. En gran medida, todas las instituciones sociales del país, desde la familia y la educación hasta el gobierno y la economía, han sido afectadas dramáticamente. Nuestra cotidianidad misma ha sido trastocada en extremo. Los efectos psicológicos, los daños a la salud mental de muchos puertorriqueños, también han sido muchos y duros. Vivimos una crisis intensa, un desastre.

Muchos han reducido la situación a una emergencia, concepto que no se aproxima a la complejidad, devastación y consecuencias de lo que realmente enfrentamos, un desastre. Muchos otros le atribuyen el desastre al huracán María, personificándolo como una María poderosa, furiosa, devastadora, cruel, airada e indiferente. Sin embargo, los desastres son mucho más complejos y sus causas son más sociales que naturales. El desastre del que apenas hemos empezado a recuperarnos es una ocasión de crisis severa, una sumada al conjunto de crisis que ya enfrentábamos—económicas, políticas y sociales—y que nos hicieron en exceso vulnerables a los huracanes y otros fenómenos naturales extremos. Entender el origen del desastre que hoy vivimos requiere de un análisis profundo de nuestra vulnerabilidad a desastres, producto de diversos procesos sociales, particularmente políticos y económicos.

Para los sociólogos un “desastre natural” es una crisis severa, producto del devastador encontronazo de dos potencias principales, la exposición peligrosa o riesgosa a procesos naturales extremos, como los huracanes, y los varios procesos sociales, políticos, culturales y económicos que generan vulnerabilidad a esos fenómenos. Desde esa perspectiva, los “desastres naturales” no son naturales sino más bien procesos socio-naturales o socio-ecológicos. Sin embargo, la “progresión de vulnerabilidad” es más decisiva de un desastre que las características físicas del fenómeno natural como lo son su magnitud, frecuencia, duración, extensión, velocidad y dispersión espacial y temporal. El desastre que hoy sufrimos los puertorriqueños no fue entonces ocasionado exclusivamente por los colosales vientos y copiosas lluvias del huracán María, su categoría, su tamaño, su estabilidad y duración, y su curso, no importa que tanto insistan en ello. El desastre fue más bien consecuencia del complejo y funesto encuentro entre esas características físicas del huracán y la enorme vulnerabilidad de Puerto Rico a esos fenómenos naturales. Como explicó Marcia Rivera: “Los huracanes se convierten en catástrofes o desastre mayor solo cuando existe un contexto de alta vulnerabilidad de determinadas estructuras sociales y económicas, debido a acciones humanas y a decisiones de políticas públicas o empresariales.” Puesto de otra forma, nuestro riesgo a desastres era alto, no sólo porque vivimos en una isla ubicada en una región susceptible al paso de huracanes, donde son normales y frecuentes en una fracción del año, sino además porque éramos vulnerables a los desastres. Y esa vulnerabilidad ha aumentado considerablemente en los últimos años.

Desde la perspectiva de la sociología de los desastres, la vulnerabilidad se refiere a la capacidad de una población o sociedad para anticipar, manejar, resistir y recuperarse del impacto de un fenómeno natural extremo. El grado de vulnerabilidad de una sociedad particular depende de su capacidad para reducir el riesgo, absorber el impacto de fenómenos naturales extremos, como huracanes, tsunamis y terremotos, entre otros, de responder a los desastres y recuperarse de ellos. La situación en Puerto Rico, delicada, difícil, escabrosa, y ruinosa, todavía semanas después del paso del poderoso huracán, revela nuestra baja capacidad para ello, nuestra alta vulnerabilidad a desastres. En palabras de Marcia Rivera:

Desde hace muchos años está ampliamente documentado que en Puerto Rico existen zonas, regiones, barrios, así como grupos sociales y demográficos que son recurrentemente afectados por fenómenos naturales, especialmente en la temporada de huracanes. No habría que esperar a que un fenómeno pase, sino tomar medidas anticipadamente, porque siempre suelen afectarse los mismos sectores. Esta vez ocurrió de nuevo, pero con una fuerza de vientos y de lluvias que no habíamos visto antes. La vulnerabilidad general estalló con contundencia ante el paso del feroz huracán María, generando un desastre de inmensas proporciones.

Diversos procesos ambientales y sociales configuran el nivel de vulnerabilidad. Los expertos en desastres han clasificado la vulnerabilidad de muchas formas. Una de la más populares es la de Gustavo Wilches-Chaux en Desastres, Ecologismo y Formación Profesional y resumida en la tabla incluida. Léase también Viviendo en Riesgo: Comunidades Vulnerables y Prevención de Desastres en América Latina.

Vulnerabilidades y Desastres
Tipo de Vulnerabilidad Descripción
Física (localización) Localización de sectores de la población, usualmente los más pobres y marginados, en zonas de riesgo físico.
Económica  

La falta de recursos e ingresos económicos, la pobreza, la desigualdad y dependencia económica, desde el nivel del hogar al nivel nacional, impiden prevenir, mitigar y responder a ocasiones de desastre.

Social  

Bajos niveles de organización y cohesión social limitan prevenir, mitigar, responder a ocasiones de desastre y recuperarse de los mismos.

Política  

Organización gubernamental ineficiente y poco efectiva aumenta la vulnerabilidad. Los gobiernos altamente centralizados y burocráticos, que muchas veces se traduce en la falta de autonomía y flexibilidad en las dependencias gubernamentales a niveles locales y regionales, impiden prevenir, mitigar y responder a ocasiones de desastre.

Técnica  

Técnicas y tecnologías inadecuadas de construcción y mantenimiento de edificios, así como en la construcción y mantenimiento de la infraestructura, particularmente en zonas de riesgo, como las inundables.  El uso de tecnologías que no toman en cuenta la prevención y mitigación de desastres también contribuye a la vulnerabilidad.

Ideológica  

Concepciones, visiones de mundo y creencias que promuevan la pasividad, la conformidad, el fatalismo, el pesimismo, la desesperanza, y la violencia, entre otras cosas, impidan a los individuos y grupos prevenir, mitigar y responder efectivamente a ocasiones de desastre.

Cultural  

Prácticas culturales que impidan una respuesta adecuada a los desastres, así como su prevención y mitigación efectiva.  Asimismo, prácticas y medios culturales, incluyendo los medios de comunicación, que reproduzcan ideologías, estereotipos, prejuicios y rumores limitan la mitigación y respuesta efectivas a los desastres.

Educativa  

La ausencia de programas educativos que instruyan adecuadamente sobre las relaciones humano-naturaleza, riesgos y amenazas naturales, y sobre la prevención, mitigación y respuesta a desastres.

Ecológica  

Transformaciones del ambiente que lo degraden, debiliten ecosistemas, y afecten diversos procesos naturales, como la deforestación, aumentan la vulnerabilidad humana y de otras especies a riesgos y desastres.

Institucional  

Niveles de obsolescencia e inflexibilidad de las instituciones sociales cuya administración sean rígidas y lentas, impiden una respuesta efectiva y eficiente a ocasiones de desastre.

El efecto de los factores que generan esas vulnerabilidades, y la ausencia de medidas efectivas de prevención y mitigación de desastres, contribuyen a la severidad de los mismos e impiden respuestas eficaces a estos, obstaculizando una recuperación rápida y adecuada. Los devastadores efectos del encuentro de los puertorriqueños con el huracán María revelaron altos niveles de vulnerabilidad en las áreas identificadas por Wilches-Chaux. Nuestra poquísima capacidad colectiva para anticipar, manejar, resistir y recuperarnos de un desastre contribuyó a la gravedad del desastre que enfrentamos. Éramos sumamente vulnerables, lo que diversos expertos locales en desastres han venido diciendo por décadas.

Los orígenes del reciente desastre, como las de los desastres en general, están en los ámbitos interrelacionados de la política y la economía, atadas al poder y el capital, y que forman, reproducen y exacerban grandes desigualdades sociales, y con ellas la vulnerabilidad a desastres. Como explican Piers Blakie, Terry Cannon, Ian Davis y Ben Wisner en At Risk: Natural Hazards, People’s Vulnerability, and Disasters: “Root causes reflect the distribution of power in a society. People who are economically marginal (such as urban squatters) or who live in ‘marginal’ environments (isolated, arid or semi-arid, coastal, or forest ecosystems) tend also to be of marginal importance to those who hold economic and political power. This creates two sources of vulnerability for such groups. Firstly, their access to livelihoods and resources that are less secure and rewarding is likely to generate higher levels of vulnerability. Secondly, they are likely to be a low priority for government interventions intended to deal with hazard mitigation.”

La vulnerabilidad es profundamente desigual. Los más afectados por el desastre que hoy vivimos son precisamente los más vulnerables, los pobres, aquellos con menos recursos y capacidad para absorber el impacto del desastre y recuperarse del mismo. Son también los que tenían menos recursos para prevenir y mitigar desastres. La situación de los más pobres, muchas veces precaria, y producto de las relaciones económicas y políticas, acrecienta considerablemente su vulnerabilidad a los desastres. De hecho, su situación de carencias y su poca participación en la toma de decisiones políticas los expone a diversos tipos de vulnerabilidad y los excluye, si existen, de los programas y recursos destinados a la prevención y mitigación de desastres. Esa es la condición de muchos puertorriqueños. En Puerto Rico esa es la situación de muchos desempleados, pero también la de muchos trabajadores. Y es también la de muchas mujeres jefas de familia, de sus niños y niñas, y la de muchos envejecientes, entre otros sectores de la población. Son muchos los puertorriqueños con recursos insuficientes para prevenir, mitigar, enfrentar y recuperarse de un desastre. Fueron ellos no sólo los más afectados por el desastre que hoy enfrentamos sino también a los que les tomará mucho más tiempo recuperarse, a pesar de las ayudas que siguen recibiendo. Son ellos los que en la ausencia de planes efectivos para prevenir y mitigar desastres también continuarán siendo propensos a sufrir las consecuencias adversas de desastres futuros. Esa es la situación de muchos en un país donde además la prevención y mitigación de desastres deja mucho que desear.

Los desastres son de muchas formas un problema de desarrollo económico. Como explica Marlén Bermúdez Chaves en su ensayo para Viviendo en Riesgo: “En los países subdesarrollados sus condiciones socio-económicas los predisponen a que los fenómenos naturales se conviertan en desastres; los sectores de más escasos recursos son siempre los más afectados. Las primeras preguntas que deben plantearse son si la estructura social y económica permite a la sociedad ampliar o disminuir la perturbación y cuáles son los sectores sociales más vulnerables.” Desde esa perspectiva, no podemos sino concluir que la configuración social y económica del país, sobre todo en los últimos años, ha ampliado esa predisposición a desastres. Puerto Rico, endeudado, con una economía estancada, con altos niveles de desempleo, y enfrentando crisis económicas y fiscales, está muy lejos de las vías del desarrollo económico. La crisis económica que comenzó en 2006, con raíces en los noventa, exacerbó indudablemente nuestra vulnerabilidad a desastres. Pero, esa vulnerabilidad era ya grave desde mucho antes, consecuencia de los fallidos programas de desarrollo económico y de crisis económicas previas. El gobierno y los partidos políticos dominantes sólo han agravado la situación. Puerto Rico estaba grandemente predispuesto a que su interacción con un fenómeno natural extremo, como el huracán María, se convirtiera en un desastre. Y así ocurrió. Necesitamos de nuevos modelos que partan, por ejemplo, de los principios del “desarrollo humano sostenible” propuestos por Marcia Rivera.

Las mejores políticas públicas para la prevención y mitigación de desastres, dadas sus raíces económicas y políticas, serían entonces las dirigidas a enfrentar y amenorar la pobreza, el desempleo, las desigualdades y el estancamiento económico. Pero en Puerto Rico esas tampoco son prioridades gubernamentales; las políticas públicas dirigidas a ello son pocas, insuficientes e ineficaces. El Programa y Tareas para la Reconstrucción de Puerto Rico de Rafael Bernabe y las demandas de la Declaración por Puerto Rico, por precisamente atender asuntos políticos y económicos, son un importante primer paso a considerar. Pero, muchas de estas propuestas, más allá de ser medidas de recuperación post-desastre deben ser implementadas como políticas de prevención y mitigación de desastres en el futuro. Nuestra recuperación debe incluir planes para la prevención y mitigación de desastres, tanto con respecto a amenazas naturales como tecnológicas.

Los puertorriqueños ya hemos comenzado a recuperarnos del desastre. De hecho, es muy común escuchar en los medios y en conversaciones frases optimistas, como “Puerto Rico se levanta,” expresiones ya también apropiadas y manipuladas por el mercado. Es ya habitual en numerosos anuncios comerciales. Lo escuchamos y vemos también en la radio y la televisión. Lo leemos en los periódicos, carteles, paneles y paredes. Lo leemos hasta en banderas puertorriqueñas y en llamativas camisetas. Y aunque no he logrado echar un buen vistazo a Facebook y las otras redes sociales la frase debe ser allí muy popular. Los puertorriqueños, hoy abatidos por el desastre, y como anuncia la citada frase, se levantarán, se recuperarán del mismo. Pero, no se trata sólo de levantarse sino de hacerlo con fortaleza, de volver a caminar con pasos firmes y seguros, con un buen sentido de dirección y aminorando las posibilidades de volver a caer. Y hacerlo, requiere tomar en cuenta la posibilidad de que tengamos que enfrentar otros desastres, tomando en cuenta el riesgo a diversos fenómenos naturales extremos como huracanes, inundaciones, terremotos, sequías, tsunamis, etc. Mas importante aún, requiere dirigir esfuerzos y recursos a reducir el riesgo a los mismos, así como la vulnerabilidad a desastres. Y eso requiere, a su vez, enfrentar la pobreza y las desigualdades, así como los problemas económicos del país, los que van más allá de la infame crisis fiscal del gobierno. De lo contrario, Puerto Rico se levantará desorientado, frágil y todavía considerablemente vulnerable a desastres.

Hoy, el énfasis es y debe ser la recuperación. Pero al hacerlo no debemos perder de vista la prevención y mitigación de desastres. Si Puerto Rico no trasciende su vulnerabilidad a desastres, si no los previene y mitiga efectivamente, se levantará para volver a caer, para tropezar con otras Marías. Lamentablemente, la crisis económica, ahora exacerbada por el desastre, reduce los recursos disponibles para ello. Además, nuestras instituciones políticas, las que sólo puedo describir como deslegitimadas, corruptas, ineficaces, desastrosas y putrefactas, tampoco serán de mucha ayuda. Las federales tampoco lo serán. En consecuencia, nuestra recuperación, así como las medidas para la prevención y mitigación de desastres, serán seguramente rudimentarias, inefectivas, insuficientes.

80grados.net » La UPR y la Redefinición Neoliberal de la Reproducción Social

Posted in Universidad, Economía del Conocimiento, Crisis Económica, Neoliberalismo, América Latina, Clases sociales with tags , , on June 10, 2017 by jose anazagasty

Source: 80grados.net » La UPR y la Redefinición Neoliberal de la Reproducción Social

80grados.net » Los Bancos y la Crisis

Posted in Movimientos Sociales, Crisis Económica, Neoliberalismo, trabajo with tags , , , , on May 5, 2017 by jose anazagasty

Source: 80grados.net » Los Bancos y la Crisis

80grados.net » Austeridad, sacrificio y re-invención: el convite neoliberal a la abnegación

Posted in Colonialism, Crisis Económica, Neoliberalismo, Estudios puertorriqueños on April 1, 2017 by jose anazagasty

Source: 80grados.net » Austeridad, sacrificio y re-invención: el convite neoliberal a la abnegación