Archive for the Economía del Conocimiento Category

80grados.net » La UPR y la Redefinición Neoliberal de la Reproducción Social

Posted in América Latina, Clases sociales, Crisis Económica, Economía del Conocimiento, Neoliberalismo, Universidad with tags , , on June 10, 2017 by jose anazagasty

Source: 80grados.net » La UPR y la Redefinición Neoliberal de la Reproducción Social

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Cambio de rumbo en la educación superior

Posted in Crisis Económica, Economía del Conocimiento, Neoliberalismo, Uncategorized, Universidad with tags , , on February 23, 2012 by jose anazagasty

Un enlace a mi articulo en 80 Grados sobre la redefinición de la UPR que propone el Comité Asesor sobre el Futuro de la Educación Superior de Puerto Rico:

http://www.80grados.net/2012/02/cambio-de-rumbo-para-una-educacion-superioredit/

 

Sobre Canceres, Huelgas, Pactos y Edgardo Rodríguez Juliá

Posted in Colonialism, Crisis Económica, Economía del Conocimiento, Neoliberalismo, Universidad with tags , , , on June 15, 2010 by jose anazagasty

El pasado 13 de junio de 2010 El Nuevo Día publicó un comentario de Edgardo Rodríguez Juliá titulado “Nuestro Cáncer.” Planteo que aun si reconocemos su particularidad el comentario es también de alguna manera sintomático de un discurso relativamente nuevo que crítico de la izquierda y la derecha es ambidiestro. Me refiero al discurso que Anthony Giddens llamaría la “Tercera Vía”.  La crítica del autor de El Entierro de Cortijo a la derecha y a la izquierda latinoamericana al comienzo de “Nuestro Cáncer” confirma tentativamente mi suposición. Podría equivocarme. Pero no me interesa tanto encajar la posición de Rodríguez Juliá en la tercera vía sino más bien dirigir la atención al concepto de “pacto social” de este escritor.

Para el lector de “Nuestro Cáncer” la aproximación de ese concepto a la anticuada noción del “contrato social” debería ser evidente. Los contratistas sociales de hace varios siglos, en un intento por explicar y justificar el Estado, plantearon que los seres humanos vivían en un “estado natural” caracterizado por la ausencia del orden social. En un intento por establecer un orden los seres humanos llegaron a un acuerdo que dio paso al Estado. Y de hecho el concepto, al menos hace varios siglos, gozó de mucha popularidad entre los intelectuales, para quienes fue una herramienta de utilidad en la explicación y justificación del ordenador por excelencia, el Estado.

La visión que Rodríguez Juliá tiene de Puerto Rico no es muy distinta del “estado natural” descrito por algunos contratistas sociales. Para el famoso escritor nuestra sociedad posee “un grave problema institucional.” Recordemos, que como diría cualquier sociólogo, las instituciones sociales son mecanismos y estructuras de orden social. Afirmar que una sociedad particular, Puerto Rico en nuestro caso, posee un grave problema institucional, y lo posee, es alegar que tiene un problema de orden social. En ese estado isleño de desorden, reminiscente del “estado natural” descrito por Thomas Hobbes, reina según Rodríguez Juliá, la “incesante discordia.” Para Rodríguez Julia necesitamos restablecer el orden social, promover el consenso y adelantar un nuevo pacto social, uno fundamentado en el consenso.

Pero se pregunta Rodríguez Juliá: “¿Qué es lo que imposibilita ese pacto social mínimo que nos posibilitaría retomar un derrotero de trabajo y armonía?”La respuesta de Rodríguez Juliá: el asunto del estatus político de la isla.  Como muchos otros intelectuales puertorriqueños Rodríguez Juliá reduce muchos de los graves problemas sociales del país y toda su complejidad al asunto del estatus. Según el autor el asunto del estatus es precisamente el principal motor de la “incesante discordia” que impide el consenso, la traba al pacto social. La respuesta del autor es un ejemplo clásico de reduccionismo.

Pero para el escritor la cuestión del estatus no solo promueve la discordia sino que nos mantiene en una fase de infancia política. Para Rodríguez Juliá “somos un pueblo adolescente.” Nos encontramos, plantea el autor, en “un estado de infantilismo político.”  Confieso que sus declaraciones  me dejaron algo aturdido. No podía creerlo. Hasta pensé que se trataba de una broma. Pero me temo que no.

Una cosa es que el autor de “Nuestro Cáncer” movilizara ideas similares a las de los contratistas sociales, otra enteramente distinta que recurriera a una de las estrategias retóricas favoritas de los colonialistas.  Debemos recordar que la metáfora parental y/o la oposición binaria entre progenitores e infantes, es muy común en el discurso colonialista. La economía textual de esta alegoría devalúa y empequeñece al sujeto colonizado convirtiéndolo en un sujeto necesitado de la guía “benevolente” pero fuerte del colonizador, de su padre.  También permite distinguir entre niños buenos y malos, entre las colonias subordinadas y aquellas que se resisten al poder colonial. Para muchos colonialistas estadounidenses Puerto Rico era un niño bueno comparado con niños malos como Las Filipinas. En “Nuestro Cáncer” Rodríguez Juliá moviliza el infantilismo como alegoría de nuestro limitado desarrollo político.

Que Rodríguez Juliá movilizara la metáfora parental confirma que como observó Ashis Nandy alguna vez el occidente no solo produjo el colonialismo moderno sino también muchas de las interpretaciones del mismo, incluyendo muchas de las interpretaciones de los colonizados, tanto que Gayatri Chakravorty Spivak tuvo que preguntarse si era posible que el subalterno hablara. Como Rodríguez Juliá, muchas veces interpretamos el colonialismo desde una perspectiva atrapada por el mismo, desde los confines del discurso colonialista. Y ese si es un cáncer difícil de vencer. Es remediable pero requiere de grandes esfuerzos.

Los comentarios de Rodríguez Juliá acerca de la huelga estudiantil en la UPR también me parecieron muy lamentables. Sus comentarios, también reduccionistas, rayan en el simplismo. Primero, la transformación de la universidad pública, un fenómeno global, ligada entre otras cosas a la deserción estatal de la misma (reducción de fondos públicos), no es un mero asunto de consignas políticas. Es un proceso complejo y multidimensional que envuelve, por supuesto, luchas políticas entre diversos actores sociales, y como tal ideología y consignas. No podemos, no obstante, reducir esa complejidad, como pretende Rodríguez Juliá a esas consignas ideológicas. Además, la transformación de la universidad, incluyendo la de las universidades privadas, está ligada a su inserción en la economía del conocimiento, lo que permite al capital trastocar como  nunca antes las ya porosas fronteras entre lo público y lo privado, a favor, claro está, del capital.  Para aquellos que nos oponemos a ellos no podemos sino hablar de lo público y de lo privado, de su transformación en la era neoliberal.

Segundo, no se trata solo de aportar al sostenimiento de la universidad. Muchos estudiantes han aportado a esa causa. La huelga misma podría interpretarse como tal. Y estoy seguro de que muchos empleados, docentes y no docentes, estarían dispuestos a contribuir, hasta sacrificando algunos beneficios adquiridos (lo que no deberían ni considerar). Pero aun si aceptáramos que todos debemos aportar, lo que aun no está del todo justificado, no se trata de que la aportación sea universal sino de que la misma sea equitativa y justa, que todos aporten lo que le corresponde, no que unos contribuyan y sacrifiquen mucho más que otros.  Las propuestas de la administración universitaria son en ese sentido desiguales e injustas.

Quisiera pensar que me equivoco y  que “Nuestro Cáncer” es quimera literaria, un juego intelectual de Rodríguez Juliá, un ejercicio en la que el autor escribe un comentario-ficción controversial para provocar respuestas como la mía, promoviendo el dialogo sobre estos asuntos, el surgimiento de lo que el propio Rodríguez Juliá llama “adversarios” y no “enemigos.” No lo sé. Pero si es así que nos lo diga el propio autor.

Profesores: ¿intelligentia técnica?

Posted in Economía del Conocimiento, Universidad with tags on June 9, 2010 by jose anazagasty

La producción de conocimiento está sujeta a la división del trabajo. Dada la transformación del trabajo y de la producción de conocimiento, resultado de la llamada economía del conocimiento, el estrato intelectual tradicional se ha ido convirtiendo en lo que André Gorz llamó la intelligentia técnica.  Dada la creciente integración de la universidad a la economía del conocimiento, la que la administración de Acevedo Vilá llamó la “economía de la innovación,” ¿Estamos los profesores destinados a convertirnos en parte de esa intelligentia técnica? ¿Estamos destinados a la producción de valor añadido mediante la investigación y desarrollo de innovaciones con potencial comercial? Me temo que no solo nuestra vida intelectual está ya profundamente marcada por la división altamente técnica del trabajo sino que ya nos vamos uniendo, lo queramos o no, y como plantea Stanley Aronowitz,  a la intelligentia técnica. Poco a poco, y con muy poca resistencia, nos convertimos en un profetariado.

El Estado Desertor, la Reproducción Social y la UPR

Posted in Crisis Económica, Economía del Conocimiento, Neoliberalismo, Universidad with tags on June 9, 2010 by jose anazagasty

Como plantea Rick Wolff, el Estado continúa demostrando su gran utilidad como instrumento para manejar y manipular la crisis capitalista. Es decir, se afana grandemente para socializar los colosales costos de la crisis capitalista. Como explica Wolff:

With the global collapse of credit, trade, production, employment, and public finances unfolding since 2007, the typical scramble commenced over who would finally have to bear the burden of the immense social costs flowing from that collapse.  Enter the usefulness of the nation state.  The state’s “national debt” becomes everywhere the means to socialize the costs of private capitalism’s crisis.  It becomes clearer by the day that it is the mass of the citizenry that is being positioned to bear most of those costs.  “Belt-tightening everywhere,” as taxes are to rise and/or state-provided services are to fall so as to squeeze out the funds to satisfy lenders to the states.

El quasi-Estado puertorriqueño no es la excepción. Bajo la administración de Fortuño el gobierno isleño se ocupa como  nunca antes de socializar los costos de la crisis, asegurándose de que la sufraguen los trabajadores. En Estados Unidos, sin embargo y como plantea el propio Wolff, sobreviene una transición a un “capitalismo de estado” similar al de la “era progresista” del Nuevo Trato.  Pero ese no es el caso en Puerto Rico. El gobierno de Fortuño se aferra fuertemente a la causa del “capitalismo privado.” Al mismo tiempo que socializa los costos de la crisis intensifica la deserción estatal de la reproducción social.

La reproducción social se refiere a la regeneración y multiplicación, biológica y socio-cultural, de trabajadores como fuerza de trabajo que se vende y compra como mercancía en el mercado laboral. También envuelve la regeneración y multiplicación de capitalistas y empresarios. Es decir, la reproducción social es la reproducción de la relaciones de clase. La reproducción social incluye además aspectos político-económicos, culturales y sociales. Una gran parte de la reproducción social incluye la reproducción de conocimiento y destrezas necesarias para realizar tareas y labores, es decir, educación. Es por ello que planteo que la deserción estatal de la Universidad de Puerto Rico, reducir considerablemente su presupuesto, es también abandonar la reproducción social.  Pero el abandono no es completo ni absoluto. No puede serlo.

El Estado no puede simplemente abandonar la reproducción social. La reproducción social es necesaria para la acumulación de capital, la que depende de la explotación de la fuerza de trabajo y de las relaciones de clase históricas.  También es precisamente útil en el manejo y manipulación de  la crisis capitalista, pues la reproducción social envuelve la reproducción de la hegemonía e ideología capitalista y con ellas del consentimiento popular.  Y el sistema económico capitalista, como no los ha enseñado el marxismo, no es solo sensible a esas crisis sino que además depende grandemente de ellas.  Finalmente, la presencia de oposición  y resistencia por parte de algunos grupos impiden el retraimiento estatal de su deber con la reproducción social. Prueba de ello es la huelga estudiantil en la Universidad de Puerto Rico.

Es precisamente por todas estas razones que el gobierno isleño no puede abandonar totalmente la Universidad de Puerto Rico. La misma desempeña un rol importante, lo queramos o no, y como ha demostrado Pierre Bourdieu, así como varios marxianos,  en la reproducción de las relaciones de clases. El abandono es entonces parcial. La “política del Estado desertor” no es el retraimiento absoluto sino un retiro parcial fundamentado en la alteración de la universidad pública. La política va dirigida a integrar otros actores al proyecto universitario.

El gobierno pretende compartir su responsabilidad con otros actores, incluyendo las organizaciones sin fines de lucro. Pero también pretende mercantilizar la reproducción social, que el capital, otro importante actor, pueda sacarle provecho a un nuevo mercado. De ahí que los estudiantes de la transformación de la universidad pública alrededor del mundo le presten creciente atención al rol de lo que llaman los “nuevos proveedores” y con ello a la presencia creciente de la inversión privada en la oferta de educación superior y a los procesos de privatización y mercantilización de ofertas educativas no controladas por órganos representativos del interés público.

Yo no soy la excepción. Aunque he estado estudiando el capitalismo académico y la inserción de la universidad en la economía del conocimiento desde hace algún tiempo, me he dedicado, desde que comenzó la huelga estudiantil en la UPR,  a estudiar la política del quasi-Estado puertorriqueño con respecto a la Universidad, tratando de entender sus acciones y políticas. Como parte de ese estudio he estado releyendo algunos de los ensayos en un libro publicado por CLACSO titulado Las Universidades en América Latina: ¿Reformadas o Alteradas? La Cósmetica del Poder Financiero. Incluye un artículo de Francisco López Segrera que describe el modelo neoliberal de la universidad. Si es como lo describe y es esto lo que pretende nuestro quasi-Estado isleño a lá Fortuño deberíamos preocuparnos muchísimo. He aquí lo que nos espera si el movimiento universitario no logra impedirlo:

El modelo neoliberal, en lo que a las universidades se refiere, implica lo siguiente: la universidad contrata con el Estado, con las empresas y con los padres de familia que tienen capacidad de pagar la educación de sus hijos. Todos exigen “niveles de excelencia” en conocimientos y saberes útiles a los mercados, y procuran no rebasar la demanda con sobreofertas de egresados que abatirían los sueldos y empleos. Esta nueva universidad neoliberal tiene una política llamada “humanitaria” mediante la cual fundaciones públicas o privadas ofrecen becas  o créditos a los estudiantes pobres que no pueden costearse sus estudios. “Si el concepto de universidad neoliberal pone el acento en lo público y en lo privado, el concepto del capitalismo universitario destaca la transformación de las actividades universitarias en mercancías” (González Casanova, 2001: 102). Se piensa en términos de mercado y esto conduce a la creación de las universidades corporativas, en función de las necesidades de las corporaciones, como fuel el caso pionero (1950) de la General Motors. (López Segrera  2003: 41-42)

¿Hacia una Unión Académica?

Posted in Crisis Económica, Economía del Conocimiento, Neoliberalismo, Universidad with tags on May 29, 2010 by jose anazagasty

Ante un presupuesto reducido la UPR ha decidido reestructurar sus operaciones fiscales para supuestamente manejar el presupuesto de manera más eficiente. Con ese fin la administración universitaria ha implementado una serie de medidas cautelares que ha afectado adversamente a los trabajadores no docentes, a los estudiantes y a los profesores. Pero estas medidas no son la única acción tomada por la administración universitaria.

La administración también ha intensificado su búsqueda de fondos adicionales y/o de financiamiento externo. Una alternativa es subir el costo de la matricula a los estudiantes, quienes se oponen decisivamente al alza. Otra opción es aumentar los fondos de la universidad mediante donativos. Finalmente, la administración pretende insertar la UPR en la llamada economía del conocimiento. Y es la inserción de la universidad en la economía capitalista del conocimiento la que representa una seria amenaza a libre profesión académica.

En el contexto de la economía del conocimiento el capital despoja progresivamente al trabajador intelectual universitario, a los profesores, de su  iniciativa en el proceso productivo, provocando no solo su enajenación del producto de su trabajo—el conocimiento—sino también su desaparición como un sujeto relativamente marginal en los circuitos del capital. Y también limita, impide o reduce la participación de la facultad en el gobierno de la universidad. Este es el planteamiento del sociólogo Stanley Aronowitz en su artículo para Liberal Education
“Should academic unions get involved in governance? Para Aronowitz es imperativo que las uniones participen del gobierno de las universidades para defender no solo la libertad académica sino también los derechos y beneficios de los académicos. Pero en la UPR no existen uniones académicas. Solo algunas asociaciones de profesores, como la APRUM y CONAPU, se han dedicado a defender los intereses de la facultad. Y han hecho un trabajo excelente. ¿Debemos unirnos a estas y reforzar sus esfuerzos? ¿O debemos, ante la inserción creciente de la UPR en la economía capitalista del conocimiento, considerar la creación de una unión académica en la UPR?

La Economía del Conocimiento y la Universidad Cercada

Posted in Economía del Conocimiento, Universidad on September 6, 2009 by jose anazagasty

Hace unos meses escribí un capitulo para un libro sobre la universidad titulado Mammon en la universidad: reflexiones esporádicas para una utopía universitaria pos neoliberal. El propósito del texto era considerar, desde una perspectiva utópica, las posibilidades de transformar la universidad pública. Comparto algunas de las ideas expuestas en ese capitulo.

¿Por qué transformarla? Porque como plantea Marcela Mollis:

“En la llamada década perdida para el desarrollo económico, para la equidad y para la justicia social, las universidades han perdido su razón d’être. Al quebrarse el contrato social con el Estado y ser arrojadas a las fuerzas del ‘todopoderoso mercado’, las universidades públicas y privadas de América Latina comenzaron a transitar la “mercadotecnia” como una alternativa para recuperar su debilitado financiamiento y buscar una nueva identidad.”

Es necesario y urgente detener su vuelco a la mercadotecnia. Pero no todo es culpa de la dejadez estatal. La creciente expansión e intensificación de la economía del conocimiento también ha estimulado el cerco capitalista de las  universidades públicas. Las universidades, abandonadas por el Estado y cercadas por el capital, optan por alterar su identidad como instituciones educativas para parecerse como indica Mollis a un tienda, “donde el estudiante es cliente, los saberes una mercancía, y el profesor un asalariado enseñante.” En ese contexto, la organización de la investigación y la enseñanza universitaria son progresivamente sustentadas y directas o indirectamente controladas y patrocinadas por intereses comerciales y corporativos.

El giro a la mercadotecnia está relacionado a varios procesos subyacentes. Primero, el capital despoja progresivamente al trabajador intelectual universitario de su  iniciativa en el proceso productivo, provocando no solo su enajenación del producto de su trabajo sino también su desaparición como un sujeto relativamente marginal en los circuitos del capital. Un segundo proceso subyacente es la integración del conocimiento universitario al ciclo del capital, la subsunción formal y real del mismo. El conocimiento es en nuestros días fuerza de producción y reserva de capital. Finalmente, el giro a la mercadotecnia está relacionado a la integración de la universidad a un “sistema científico” disciplinado por el neoliberalismo, por eso que el sociólogo Pierre Bourdieu llamó la “maquina infernal.” El neoliberalismo urge privatizar, capitalizar, comodificar y mercantilizar el trabajo intelectual y el conocimiento para hacerlos parte integrante de la constitución orgánica del modo de producción capitalista y favorecer así su movimiento en la creciente articulación de la producción y la reproducción “glocal” del plus valor. El resultado de estos procesos: el trabajo intelectual, el conocimiento universitario y la universidad misma, una vez integrados a los circuitos del capital, pierden su autonomía progresivamente.

Ante la integración de la universidad a la economía capitalista del conocimiento debemos preguntarnos, como lo hizo Jacques Derrida,  si puede esta afirmar su autonomía, reivindicarla, sin nunca tener que, dada la abstracción irrealizable de una soberanía absoluta, rendirse y entregarse sin condición, dejarse asediar y comprar a cualquier precio. Si puede o no depende, en gran medida, de la relación de fuerzas entre aquellos actores que promueven su inserción a la economía del conocimiento y aquellos que buscan reafirmar su autonomía ante las fuerzas del mercado capitalista. Los primeros, y muchos de ellos son actores internos a la universidad pública, están siendo exitosos. Y el éxito de los segundos depende de su habilidad de publicar armas y declarar una “guerra de posiciones” contra los primeros que les permita cuestionar la comodificación y subsunción formal y real de ambos, el trabajo intelectual y el conocimiento mismo, en las redes del capital. Un proyecto universitario pos neoliberal requiere entender y confrontar dichos procesos y reafirmar como posibilidad histórica, aunque desde una perspectiva distinta a la de Derrida, la libre profesión: la libertad incondicional y total de interrogación y de propuesta, e inclusive, y mas significativo aun, de decir pública y abiertamente todo lo que la búsqueda de la verdad exigen, aun cuando lo que digamos esté en contra del Estado y del capital.