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80grados.net » La UPR y la Redefinición Neoliberal de la Reproducción Social

Posted in América Latina, Clases sociales, Crisis Económica, Economía del Conocimiento, Neoliberalismo, Universidad with tags , , on June 10, 2017 by jose anazagasty

Source: 80grados.net » La UPR y la Redefinición Neoliberal de la Reproducción Social

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El problema universitario de Vicente Géigel Polanco

Posted in Uncategorized, Universidad with tags , , on March 9, 2014 by jose anazagasty

El problema universitario de Vicente Géigel Polanco

Cambio de rumbo en la educación superior

Posted in Crisis Económica, Economía del Conocimiento, Neoliberalismo, Uncategorized, Universidad with tags , , on February 23, 2012 by jose anazagasty

Un enlace a mi articulo en 80 Grados sobre la redefinición de la UPR que propone el Comité Asesor sobre el Futuro de la Educación Superior de Puerto Rico:

http://www.80grados.net/2012/02/cambio-de-rumbo-para-una-educacion-superioredit/

 

Algunas observaciones sobre el proceso de matrícula: Comentarios esporádicos y sin editar

Posted in Crisis Económica, Uncategorized, Universidad with tags , on October 5, 2010 by jose anazagasty

Lo único positivo que podría decir del pasado proceso de matrícula en el Recinto Universitario de Mayagüez es que ya finalizó. Al menos eso creo. Claro, no me sorprendería para nada que mañana, al llegar a la oficina, me vea obligado a atender una alta administrativa adicional o algo por el estilo. De cualquier forma, me temo que no es posible enunciar algo positivo, y mucho menos halagador o celebratorio, del proceso de matrícula en el Recinto Universitario de Mayagüez. Evaluarlo es solo viable desde una aproximación crítica.

No pretendo con una aproximación crítica una ofensiva contra el proceso y sus administradores. Mi intención es otra, lo que algunos llamarían una cítrica constructiva. Es constructiva porque como expresó Vicente Geigel Polanco: “Mejor sirve los intereses de la Universidad quien le señala una deficiencia, o le apunta una falla, o le indica un camino, que aquél que la colma de elogios, por fundados que éstos sean, o se limita a un recuento de los logros alcanzados” (8). He ahí mi propósito, servir los interese del RUM. Es innegable que las deficiencias y fallas de la institución en el proceso de matrícula son muchas. Pero debemos señalarlas.

En el RUM, la matricula es un proceso que aparte de vergonzoso es ineficiente, inefectivo, algo desorganizado y que, evidentemente, requiere de una mejor planificación. Además, y tomando en cuenta la experiencia de los estudiantes y de aquellos que les sirven durante el proceso (trabajadores docentes y no docentes) no podríamos sino concluir que se trata de una experiencia tristemente frustrante, agobiante, enajenante e inhumana. En adición, el proceso de matrícula en el RUM es un buen indicador de las deficiencias institucionales y administrativas del mismo, especialmente si evaluamos el proceso de matrícula a la luz de los estándares a los que debería ajustarse el proceso, muchos de los cuales son valorados y estipulados por la tan mencionada, famosa y temida Middle States Comission on Higher Education. Por supuesto, en el contexto de la falta de recursos humanos y materiales que actualmente caracterizan al RUM sería producto de una gran ingenuidad esperar una matrícula de gran calidad.

El proceso de matrícula debería estar fundamentado en una estructura administrativa y organizacional funcional. Claro, no se trata simplemente de que funcione sino de que funcione de forma eficaz. Pero, ¿Qué tan eficaz y funcional es la estructura administrativa y organizacional del proceso de matrícula en el RUM? La respuesta requiere de un estudio serio del proceso y de su organización, así como de su estructura administrativa. Sin embargo, las deficiencias y fallas durante el proceso de matrícula, palpable para los estudiantes y para aquellos de nosotros que participamos del proceso, demuestra la urgencia de contestar esa pregunta, y plantearse, de paso, la posibilidad de reestructurar la organización y administración del proceso de matrícula. Por supuesto, debemos considerar que los problemas del pasado proceso de matricula no son nuevos, sino mas bien problemas con una larga historia, dificultades que la institución no ha resuelto efectivamente en décadas.

Ni siquiera están claramente definidos, al menos no por escrito, los roles de los componentes institucionales en el proceso de matrícula y en la toma de decisiones con respecto a la misma. No conozco ningún documento, reglamento o política institucional que establezca manifiestamente cuál es el rol de los decanatos, departamentos y otras entidades y oficinas del RUM durante el proceso de matrícula. ¿Existe una política institucional debidamente establecida, documentada y regulada?

Un proceso de matricula efectivo requiere también de una coordinación igualmente efectiva de las relaciones entre los actores sociales envueltos—decanatos, departamentos y otras oficinas—asegurándose a su vez que el personal envuelto en el proceso de matrícula esté cualificado y que la cantidad de personal sea la suficiente para ofrecerle un buen servicio a los estudiantes. Aunque el Recinto cuenta con personal cualificado, este no cuenta con personal suficiente para atender la enorme cantidad de estudiantes que requieren servicios durante el proceso de matrícula, principalmente durante el proceso de ajustes a la matricula. Esa escasez de personal tiene como consecuencia adversa la sobreexplotación del personal administrativo y del personal docente y no docente que ofrece servicios a estudiantes durante el proceso. Por supuesto, la falta de personal resulta a su vez en un servicio deficiente para los estudiantes, quienes tienen que esperar largas horas para ser atendidos y que tienen que hasta soportar las rabietas de aquellos sirviéndoles, inclusive las mías.

El proceso de matrícula en el RUM está también caracterizado por una innecesaria complejidad. La organización descentralizada del proceso, un proceso del que participan demasiadas oficina y entidades, podría no ser la más adecuada y eficaz. En la mayoría de las universidades, sobre todo en los Estados Unidos, el proceso de matrícula es manejado casi en su totalidad por la Oficina del Registrador. Quizás, como en esos otros lugares, sea el manejo centralizado y concentrado del proceso de matrícula la organización más eficaz del proceso. En el RUM, sin embargo, persiste la anacrónica organización y administración del proceso de matrícula, confirmando la observación sociológica de que las instituciones sociales son inherentemente conservadoras. Aprovecho entonces para proponer que la administración le provea a la Oficina del Registrador los recursos humanos y materiales necesarios, y que tanta falta le hacen, para que esta maneje el proceso del matricula en su totalidad. La mayor parte de los decanatos y los departamentos deberían tener muy poco que ver con el proceso de matrícula y con el servicio a los estudiantes durante ese proceso.

Un buen proceso de matrícula depende también de la distribución planificada, eficiente y justa de los recursos humanos y materiales, condiciones palpablemente ausentes en el manejo del proceso de matrícula en el RUM. Uno de los recursos más importantes antes, durante y después del proceso de matrícula, aparte de los recursos humanos, indudablemente escasos en el RUM, es la diseminación de la información adecuada y útil para el proceso. Es importante, por ejemplo, que los departamentos cuenten con al menos alguna proyección del número de estudiantes admitidos cada año. Es inaceptable que los departamentos no supieran sino hasta tarde en el proceso de matrícula—durante el periodo de ajuste a la matrícula para ser preciso—la cantidad de estudiantes de nuevo ingreso que debían atender. Es fundamental que los coordinadores del proceso de matrícula institucionalicen el uso de proyecciones y análisis estadísticos que tomen en consideración las tendencias históricas en el número de estudiantes admitidos cada año, las tasas de graduación y retención, datos sobre traslados internos y externos, bajas, etc. Esta información sería de gran utilidad para que los departamentos puedan planificar adecuadamente su oferta académica.

La disponibilidad de salones es también un recurso importante. Es inaceptable que los departamentos tengan que mantener secciones cerradas por falta de salones y/o que sea tan difícil conseguir salones. Otro recurso importante es la tecnología. Las fallas tecnológicas del proceso son legendarias. Por ejemplo, durante el pasado proceso de ajustes a la matricula el sistema falló, lo que obstaculizó y complicó seriamente el proceso. Esto resultó en la extensión del periodo de matrícula, inclusive hasta después de varios días de haber comenzado las clases.

Y por supuesto, un recurso esencial que debe ser siempre considerado en cualquier proceso de matricula son los trabajadores docentes disponibles para ofrecer cursos. La consecuencia adversa de la ya tradicional y legendaria falta de profesores es la limitada oferta de cursos para nuestros estudiantes. Otra consecuencia derivada de la falta de profesores es que cientos de ellos acudan a los departamentos durante el proceso de matrícula tratando de conseguir cupos en secciones ya cerradas. Eso también explica, por supuesto, el hacinamiento en muchos de nuestros salones y el que muchos profesores tengan que dictar cursos con más de treinta estudiantes registrados. Semestre tras semestre el Recinto Universitario de Mayagüez termina dependiendo de compensaciones adicionales a los profesores, contrataciones de profesores con nombramiento temporero, y ayudantes de cátedra. Depende además de la buena fue de varios profesores que cada semestre ofrecen cursos ad honorem y por acuerdo.

Me temo que la mayor parte de los problemas en el proceso de matricula se derivan precisamente de un desbalance entre el número de estudiantes que sirve el Recinto y el número de profesores disponibles para enseñarles. Ese es el problema fundamental del proceso de matrícula. Mientras exista ese desbalance el proceso seguirá siendo tan difícil como siempre lo ha sido. Y en el contexto del abandono de la UPR por parte del gobierno de Puerto Rico, ese desdichado Estado fracasado, y tomando en cuenta las medidas cautelares que limitan nuevas contrataciones y nombramientos de profesores, y que además obstaculizan la retención de nuestros profesores, no hay suficientes razones para ser optimistas. Antes, ahora y siempre. ¡Funesta matricula!

Sobre Canceres, Huelgas, Pactos y Edgardo Rodríguez Juliá

Posted in Colonialism, Crisis Económica, Economía del Conocimiento, Neoliberalismo, Universidad with tags , , , on June 15, 2010 by jose anazagasty

El pasado 13 de junio de 2010 El Nuevo Día publicó un comentario de Edgardo Rodríguez Juliá titulado “Nuestro Cáncer.” Planteo que aun si reconocemos su particularidad el comentario es también de alguna manera sintomático de un discurso relativamente nuevo que crítico de la izquierda y la derecha es ambidiestro. Me refiero al discurso que Anthony Giddens llamaría la “Tercera Vía”.  La crítica del autor de El Entierro de Cortijo a la derecha y a la izquierda latinoamericana al comienzo de “Nuestro Cáncer” confirma tentativamente mi suposición. Podría equivocarme. Pero no me interesa tanto encajar la posición de Rodríguez Juliá en la tercera vía sino más bien dirigir la atención al concepto de “pacto social” de este escritor.

Para el lector de “Nuestro Cáncer” la aproximación de ese concepto a la anticuada noción del “contrato social” debería ser evidente. Los contratistas sociales de hace varios siglos, en un intento por explicar y justificar el Estado, plantearon que los seres humanos vivían en un “estado natural” caracterizado por la ausencia del orden social. En un intento por establecer un orden los seres humanos llegaron a un acuerdo que dio paso al Estado. Y de hecho el concepto, al menos hace varios siglos, gozó de mucha popularidad entre los intelectuales, para quienes fue una herramienta de utilidad en la explicación y justificación del ordenador por excelencia, el Estado.

La visión que Rodríguez Juliá tiene de Puerto Rico no es muy distinta del “estado natural” descrito por algunos contratistas sociales. Para el famoso escritor nuestra sociedad posee “un grave problema institucional.” Recordemos, que como diría cualquier sociólogo, las instituciones sociales son mecanismos y estructuras de orden social. Afirmar que una sociedad particular, Puerto Rico en nuestro caso, posee un grave problema institucional, y lo posee, es alegar que tiene un problema de orden social. En ese estado isleño de desorden, reminiscente del “estado natural” descrito por Thomas Hobbes, reina según Rodríguez Juliá, la “incesante discordia.” Para Rodríguez Julia necesitamos restablecer el orden social, promover el consenso y adelantar un nuevo pacto social, uno fundamentado en el consenso.

Pero se pregunta Rodríguez Juliá: “¿Qué es lo que imposibilita ese pacto social mínimo que nos posibilitaría retomar un derrotero de trabajo y armonía?”La respuesta de Rodríguez Juliá: el asunto del estatus político de la isla.  Como muchos otros intelectuales puertorriqueños Rodríguez Juliá reduce muchos de los graves problemas sociales del país y toda su complejidad al asunto del estatus. Según el autor el asunto del estatus es precisamente el principal motor de la “incesante discordia” que impide el consenso, la traba al pacto social. La respuesta del autor es un ejemplo clásico de reduccionismo.

Pero para el escritor la cuestión del estatus no solo promueve la discordia sino que nos mantiene en una fase de infancia política. Para Rodríguez Juliá “somos un pueblo adolescente.” Nos encontramos, plantea el autor, en “un estado de infantilismo político.”  Confieso que sus declaraciones  me dejaron algo aturdido. No podía creerlo. Hasta pensé que se trataba de una broma. Pero me temo que no.

Una cosa es que el autor de “Nuestro Cáncer” movilizara ideas similares a las de los contratistas sociales, otra enteramente distinta que recurriera a una de las estrategias retóricas favoritas de los colonialistas.  Debemos recordar que la metáfora parental y/o la oposición binaria entre progenitores e infantes, es muy común en el discurso colonialista. La economía textual de esta alegoría devalúa y empequeñece al sujeto colonizado convirtiéndolo en un sujeto necesitado de la guía “benevolente” pero fuerte del colonizador, de su padre.  También permite distinguir entre niños buenos y malos, entre las colonias subordinadas y aquellas que se resisten al poder colonial. Para muchos colonialistas estadounidenses Puerto Rico era un niño bueno comparado con niños malos como Las Filipinas. En “Nuestro Cáncer” Rodríguez Juliá moviliza el infantilismo como alegoría de nuestro limitado desarrollo político.

Que Rodríguez Juliá movilizara la metáfora parental confirma que como observó Ashis Nandy alguna vez el occidente no solo produjo el colonialismo moderno sino también muchas de las interpretaciones del mismo, incluyendo muchas de las interpretaciones de los colonizados, tanto que Gayatri Chakravorty Spivak tuvo que preguntarse si era posible que el subalterno hablara. Como Rodríguez Juliá, muchas veces interpretamos el colonialismo desde una perspectiva atrapada por el mismo, desde los confines del discurso colonialista. Y ese si es un cáncer difícil de vencer. Es remediable pero requiere de grandes esfuerzos.

Los comentarios de Rodríguez Juliá acerca de la huelga estudiantil en la UPR también me parecieron muy lamentables. Sus comentarios, también reduccionistas, rayan en el simplismo. Primero, la transformación de la universidad pública, un fenómeno global, ligada entre otras cosas a la deserción estatal de la misma (reducción de fondos públicos), no es un mero asunto de consignas políticas. Es un proceso complejo y multidimensional que envuelve, por supuesto, luchas políticas entre diversos actores sociales, y como tal ideología y consignas. No podemos, no obstante, reducir esa complejidad, como pretende Rodríguez Juliá a esas consignas ideológicas. Además, la transformación de la universidad, incluyendo la de las universidades privadas, está ligada a su inserción en la economía del conocimiento, lo que permite al capital trastocar como  nunca antes las ya porosas fronteras entre lo público y lo privado, a favor, claro está, del capital.  Para aquellos que nos oponemos a ellos no podemos sino hablar de lo público y de lo privado, de su transformación en la era neoliberal.

Segundo, no se trata solo de aportar al sostenimiento de la universidad. Muchos estudiantes han aportado a esa causa. La huelga misma podría interpretarse como tal. Y estoy seguro de que muchos empleados, docentes y no docentes, estarían dispuestos a contribuir, hasta sacrificando algunos beneficios adquiridos (lo que no deberían ni considerar). Pero aun si aceptáramos que todos debemos aportar, lo que aun no está del todo justificado, no se trata de que la aportación sea universal sino de que la misma sea equitativa y justa, que todos aporten lo que le corresponde, no que unos contribuyan y sacrifiquen mucho más que otros.  Las propuestas de la administración universitaria son en ese sentido desiguales e injustas.

Quisiera pensar que me equivoco y  que “Nuestro Cáncer” es quimera literaria, un juego intelectual de Rodríguez Juliá, un ejercicio en la que el autor escribe un comentario-ficción controversial para provocar respuestas como la mía, promoviendo el dialogo sobre estos asuntos, el surgimiento de lo que el propio Rodríguez Juliá llama “adversarios” y no “enemigos.” No lo sé. Pero si es así que nos lo diga el propio autor.

Profesores: ¿intelligentia técnica?

Posted in Economía del Conocimiento, Universidad with tags on June 9, 2010 by jose anazagasty

La producción de conocimiento está sujeta a la división del trabajo. Dada la transformación del trabajo y de la producción de conocimiento, resultado de la llamada economía del conocimiento, el estrato intelectual tradicional se ha ido convirtiendo en lo que André Gorz llamó la intelligentia técnica.  Dada la creciente integración de la universidad a la economía del conocimiento, la que la administración de Acevedo Vilá llamó la “economía de la innovación,” ¿Estamos los profesores destinados a convertirnos en parte de esa intelligentia técnica? ¿Estamos destinados a la producción de valor añadido mediante la investigación y desarrollo de innovaciones con potencial comercial? Me temo que no solo nuestra vida intelectual está ya profundamente marcada por la división altamente técnica del trabajo sino que ya nos vamos uniendo, lo queramos o no, y como plantea Stanley Aronowitz,  a la intelligentia técnica. Poco a poco, y con muy poca resistencia, nos convertimos en un profetariado.

El Estado Desertor, la Reproducción Social y la UPR

Posted in Crisis Económica, Economía del Conocimiento, Neoliberalismo, Universidad with tags on June 9, 2010 by jose anazagasty

Como plantea Rick Wolff, el Estado continúa demostrando su gran utilidad como instrumento para manejar y manipular la crisis capitalista. Es decir, se afana grandemente para socializar los colosales costos de la crisis capitalista. Como explica Wolff:

With the global collapse of credit, trade, production, employment, and public finances unfolding since 2007, the typical scramble commenced over who would finally have to bear the burden of the immense social costs flowing from that collapse.  Enter the usefulness of the nation state.  The state’s “national debt” becomes everywhere the means to socialize the costs of private capitalism’s crisis.  It becomes clearer by the day that it is the mass of the citizenry that is being positioned to bear most of those costs.  “Belt-tightening everywhere,” as taxes are to rise and/or state-provided services are to fall so as to squeeze out the funds to satisfy lenders to the states.

El quasi-Estado puertorriqueño no es la excepción. Bajo la administración de Fortuño el gobierno isleño se ocupa como  nunca antes de socializar los costos de la crisis, asegurándose de que la sufraguen los trabajadores. En Estados Unidos, sin embargo y como plantea el propio Wolff, sobreviene una transición a un “capitalismo de estado” similar al de la “era progresista” del Nuevo Trato.  Pero ese no es el caso en Puerto Rico. El gobierno de Fortuño se aferra fuertemente a la causa del “capitalismo privado.” Al mismo tiempo que socializa los costos de la crisis intensifica la deserción estatal de la reproducción social.

La reproducción social se refiere a la regeneración y multiplicación, biológica y socio-cultural, de trabajadores como fuerza de trabajo que se vende y compra como mercancía en el mercado laboral. También envuelve la regeneración y multiplicación de capitalistas y empresarios. Es decir, la reproducción social es la reproducción de la relaciones de clase. La reproducción social incluye además aspectos político-económicos, culturales y sociales. Una gran parte de la reproducción social incluye la reproducción de conocimiento y destrezas necesarias para realizar tareas y labores, es decir, educación. Es por ello que planteo que la deserción estatal de la Universidad de Puerto Rico, reducir considerablemente su presupuesto, es también abandonar la reproducción social.  Pero el abandono no es completo ni absoluto. No puede serlo.

El Estado no puede simplemente abandonar la reproducción social. La reproducción social es necesaria para la acumulación de capital, la que depende de la explotación de la fuerza de trabajo y de las relaciones de clase históricas.  También es precisamente útil en el manejo y manipulación de  la crisis capitalista, pues la reproducción social envuelve la reproducción de la hegemonía e ideología capitalista y con ellas del consentimiento popular.  Y el sistema económico capitalista, como no los ha enseñado el marxismo, no es solo sensible a esas crisis sino que además depende grandemente de ellas.  Finalmente, la presencia de oposición  y resistencia por parte de algunos grupos impiden el retraimiento estatal de su deber con la reproducción social. Prueba de ello es la huelga estudiantil en la Universidad de Puerto Rico.

Es precisamente por todas estas razones que el gobierno isleño no puede abandonar totalmente la Universidad de Puerto Rico. La misma desempeña un rol importante, lo queramos o no, y como ha demostrado Pierre Bourdieu, así como varios marxianos,  en la reproducción de las relaciones de clases. El abandono es entonces parcial. La “política del Estado desertor” no es el retraimiento absoluto sino un retiro parcial fundamentado en la alteración de la universidad pública. La política va dirigida a integrar otros actores al proyecto universitario.

El gobierno pretende compartir su responsabilidad con otros actores, incluyendo las organizaciones sin fines de lucro. Pero también pretende mercantilizar la reproducción social, que el capital, otro importante actor, pueda sacarle provecho a un nuevo mercado. De ahí que los estudiantes de la transformación de la universidad pública alrededor del mundo le presten creciente atención al rol de lo que llaman los “nuevos proveedores” y con ello a la presencia creciente de la inversión privada en la oferta de educación superior y a los procesos de privatización y mercantilización de ofertas educativas no controladas por órganos representativos del interés público.

Yo no soy la excepción. Aunque he estado estudiando el capitalismo académico y la inserción de la universidad en la economía del conocimiento desde hace algún tiempo, me he dedicado, desde que comenzó la huelga estudiantil en la UPR,  a estudiar la política del quasi-Estado puertorriqueño con respecto a la Universidad, tratando de entender sus acciones y políticas. Como parte de ese estudio he estado releyendo algunos de los ensayos en un libro publicado por CLACSO titulado Las Universidades en América Latina: ¿Reformadas o Alteradas? La Cósmetica del Poder Financiero. Incluye un artículo de Francisco López Segrera que describe el modelo neoliberal de la universidad. Si es como lo describe y es esto lo que pretende nuestro quasi-Estado isleño a lá Fortuño deberíamos preocuparnos muchísimo. He aquí lo que nos espera si el movimiento universitario no logra impedirlo:

El modelo neoliberal, en lo que a las universidades se refiere, implica lo siguiente: la universidad contrata con el Estado, con las empresas y con los padres de familia que tienen capacidad de pagar la educación de sus hijos. Todos exigen “niveles de excelencia” en conocimientos y saberes útiles a los mercados, y procuran no rebasar la demanda con sobreofertas de egresados que abatirían los sueldos y empleos. Esta nueva universidad neoliberal tiene una política llamada “humanitaria” mediante la cual fundaciones públicas o privadas ofrecen becas  o créditos a los estudiantes pobres que no pueden costearse sus estudios. “Si el concepto de universidad neoliberal pone el acento en lo público y en lo privado, el concepto del capitalismo universitario destaca la transformación de las actividades universitarias en mercancías” (González Casanova, 2001: 102). Se piensa en términos de mercado y esto conduce a la creación de las universidades corporativas, en función de las necesidades de las corporaciones, como fuel el caso pionero (1950) de la General Motors. (López Segrera  2003: 41-42)