Mientras tanto Puerto Rico se reconstruye sobre viejos pilares

Como he dicho antes Puerto Rico es algo así como un enfermo desahuciado al que es mejor ayudar a morir. Sería un acto de un gran y profundo amor, una destrucción creativa. No me interesa sanar a Puerto Rico, lo que en estos días significa hacerlo rentable, establecer sus signos vitales mediantes el conocido tratamiento de la medicina neoliberal y desarrollista, una combinación de dietas austeras, medicamentos amargos, y ajustes estructurales—ajustes distributivos—y prescripciones similares. Lo patético es que como muchos otros tratamientos este solo trata síntomas. El signo vital—la línea del PNB—continúa FLAT.

Lo que me gustaría es poder hacer un nuevo Puerto Rico pero es cuando lo anhelo, cuando lo imagino, que me cerca el pesimismo. Claro, hay momentos en que el vaivén de mis expectativas me lleva a la esperanza, a imaginar posibilidades contra-hegemónicas, algunas que nos permitan usar el cadáver como relleno para las paredes de un nuevo edificio, uno más justo, libre y equitativo. Pero no podemos esperar la muerte del Puerto Rico de hoy, pues entre hoy y la muerte advertida queda vida. La Parca se toma su tiempo. Es incluso probable que la agonía de Puerto Rico tampoco sea muy dramática, que lo mantengan operando como vida artificial. Debemos por ello considerar el lapso, el entretanto, sin caer en la desesperación ni recurrir a visiones catastróficas y apocalípticas que no nos permitan pensar un después que no sea en un más allá espiritual. Quiero decir con ello que observemos el entre tanto a la vez que articulamos un nuevo bloque histórico y un nuevo edificio. Por ello comparto algunas consideraciones—vaticinios—de lo que pienso que pasará en el entretanto.

En el entretanto la crisis se solventará provisionalmente; se retardará la ruina. Y es hasta posible que se aplace, como dice el gobernador, de “manera sensible.” Pero el subterfugio, la evasiva temporera, producirá grandes ganadores así como muchísimos perjudicados e infortunados. Las crisis de la economía capitalista, orquestadas o no, envuelven la desposesión y redistribución de bienes, ligadas, por supuesto, a lo que los marxianos llaman la “restructuración del capital” y que por ahí llaman ajuste estructural. Tanto los ricos como los pobres sufrirán la crisis, aunque evidentemente, y a pesar de la alegada sensibilidad del gobierno, los pobres la sufrirían mucho más, mucho, mucho más que los ricos.

En el entretanto los políticos y comentaristas mediáticos ignorarán la desigualdad e insistirán, apelando al efecto universal de la crisis, en que TODOS tenemos que contribuir a resolverla, aunque unos, los más desventurados, sacrificaran más que otros. Y ya lo hizo Alejandro García Padilla en su mensaje reciente:

Los problemas fundamentales de Puerto Rico hay que enfrentarlos como pueblo.
Con voluntad y con solidaridad. Es improductivo, contraproducente e ineficaz,
concebir los problemas y las soluciones como los problemas de una parte de
nuestro pueblo contra los problemas de otra parte de nuestro pueblo; como las
soluciones de una parte de Puerto Rico contra las soluciones de otra parte de
Puerto Rico. ¡O enfrentamos nuestros problemas como pueblo, o perdemos
nuestra lucha como pueblo!

En el entretanto y desde la misma ceguera insensible las políticos pedirán a todos, aunque mucho más a los trabajadores y menos privilegiados, que sacrifiquen algunos logros y beneficios del pasado, todo en nombre del “pueblo.” Nos recordaran, una y otra vez, que las uniones y sindicatos, hoy muy debilitadas y deslegitimizadas, son los enemigos del país, el cáncer que mató a Puerto Rico. Y muchos le creerán, sacrificando retiros, bonos, días de fiesta, y muchos otros logros adquiridos. Al final los pobres y los menos pobres en las clases trabajadoras y en las clases medias pagarán mucho más que los ricos. Y tomaran todo esto, hasta los trabajadores y pobres mismos, como actos de sensibilidad, sacrificio y heroísmo. Y desde la bocinas se emitía la voz de Silvio una vez más:

Grandes ilusionistas
con hazañas de alarde,
dicen que son altruistas
los cobardes.
Mientras el poderoso
más ordena y más traga
y el pequeño ripioso
siempre paga.

En el entretanto se aprovechará la situación para redistribuir la riqueza entre las clases sociales y hasta dentro de cada clase. Y en eso el neoliberalismo ha sido eficaz y eficiente. Y entonces los de arriba dirán que la luchas de clases y la desigualdad socio-económica son irrelevantes, que hablar de ello solo obstaculiza la solución al problema, que solo promueve el resentimiento de clases. Y el gobernador condenará el egoísmo sectorial y apelará al “pueblo” citando cartas de chiquillos.

En el entretanto se devaluarán diversos bienes puertorriqueños. ¿Y qué es la degradación crediticia a chatarra sino la devaluación de bienes? ¿Y no son los bienes devaluados, carroña favorita de los buitres especuladores? Como explica David Harvey las crisis económicas como la que vivimos hoy permiten la racionalización de un sistema sustancialmente irracional. Ese es precisamente el objetivo de los programas de austeridad del Estado, hacer uso de herramientas financieras—tasas de interés y sistemas crediticios—para sustentar la confianza de los mercados. ¿Y no fue ese el logro reclamado por García Padilla en su último mensaje de situación? En cualquier caso el resultado es la creación periódica de bienes devaluados que puede ser puesto a “buen uso”—la acumulación de capital—por aquellos con capital excedente para invertir. Eso explica en parte el éxito de la más reciente emisión de bonos, la que se vendió, según informara El Nuevo Día en su portada, “como pan caliente,” a lo que debemos añadir, para no perder la costumbre, “y con mantequilla.” Se vendieron $3,500 millones en bonos pero con el interés más alto que el gobierno isleño haya pagado, 14%. Los bonistas están contentos. Las casas crediticias, también contentas, ya reclasificaron a la isla. Y ya nuestros peores, la infame y execrable clase política, “grandes ilusionistas,” comenzaron a reclamar y alardear éxitos.

En el entretanto los partidos políticos prometerán tierras prometidas apelando una vez más a la cuestión del estatus. Unos prometerán éxito con mejoras cosméticas al ELA. Otros prometerán más maná con reclamos de igualdad y paridad con Estados Unidos. Y otros separaran aguas, apelando al éxito de otros pequeños y prometiendo un Edén con soberanía triunfante. Y el estatus seguirá siendo, junto al aumento en el PNB, placebo boricua a todos los males del desahuciado país.

Pero en ese mismo entretanto algunos, aferrados a sus propuestas de cambios radicales, criticaran, resistirán, protestaran, lucharan, y producirán alternativas. Y lo harán, como siempre, cuesta arriba en una Isla donde como dice la canción de Fiel a la Vega “todo cambia y todo sigue igual:”

Todo cambia y todo sigue igual
y nadie cambia a la humanidad
es cuesta arriba seguir tus creencias
pero es cuestión de sobrevivencia

Si eres de esos que cuesta arriba sobreviven y si te conformas con aferrarte a tus principios, entonces quizás, si no terminas demasiado pesimista, harás como dice esa misma canción: aguantarte, resistir bien, y alegrarte sin rendirte:

Pues tendrás la llama que te da la vida
tendrás la calma el resto de tus días
y seguirás como una vez fuiste
el combatiente que no supo rendirse
y tendrás tu porte aun con los años
porque el pasado no te hace daño
tendrás tu alma y tendrás tu cielo
bendito aquel que derrota el miedo…

Así que mientras tanto aguántate, resiste, y trata de entusiasmarte, cosa que no es nada fácil en esta “isla estrellá.”

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