La Transición al EstadoLibre Asociado de Puerto Rico (Tercera Parte)

 

La transformación del ELA no solo ocurrió en el contexto de una transición del imperialismo estadounidense sino también en el contexto de cambios significativos en el sistema capitalista, los que resultarían en lo que el historiador económico Michael Beaud (2000 [1981]) llamó el “gran salto adelante del capitalismo.”

Después de la crisis económica de los años treinta, tras dos guerras mundiales y con el avance del socialismo real parecía que el capitalismo fallecía. Pero aquellos augurios de ocaso erraban. Después de la Segunda Guerra Mundial la reconstrucción de Europa, varios procesos de descolonización, la internacionalización (y eventual globalización) del capital y la industrialización creciente del llamado Tercer Mundo suministraron un nuevo respiro al capitalismo, uno acompañado de grandes riquezas y crecimiento sin precedentes.

Esa enorme prosperidad capitalista se logró mediante la explotación creciente de los trabajadores, reflejado por la gran productividad de aquellos años. Sin embargo, la creciente integración de trabajadores del campo y la agricultura al orbe del trabajo asalariado también contribuyó a esa bonanza. Cambios en la organización y realización del trabajo también contribuyeron a la gran acumulación de capital, entre estas nuevas tecnologías productivas y la automatización creciente del trabajo, la expansión e intensificación del Fordismo y el Taylorismo y la subcontratación. Aunque en algunos sectores estos cambios en el trabajo y su organización resultaron en el uso de menos trabajadores en otros sectores se intensificó el uso de los mismos. La producción constante con varias jornadas o turnos o mediante jornadas más largas también contribuyó al aumento en la productividad y la acumulación de capital. Finalmente, se intensificó el trabajo en el sector de los servicios.

La transición al ELA ocurrió entonces en el contexto de altas tasas de crecimiento económico. Dicho crecimiento comenzó no en la posguerra sino durante la guerra. De hecho, el periodo de 1938 al 1948 estuvo caracterizado por altas tasas de crecimiento económico en el centro, las que no se registraban desde la primera década del siglo 20. En Puerto Rico, como en otras partes del mundo capitalista, las políticas económicas del gobierno iban dirigidas precisamente a aumentar el número de trabajadores industriales y su productividad. En los primeros años de la posguerra la administración del PPD dirigió sus esfuerzos a impulsar la industrialización, desviando la atención inicial dada al sector agrícola. Desde entonces, y como confirma Dietz (1986), la eficiencia y el crecimiento económico se convirtieron en el foco de la política pública puertorriqueña. Las metas populistas y los logros sociales, una vez centrales a la plataforma política del PPD, tuvieron desde entonces menos peso que las medidas conectadas a la producción industrial. La administración adoptó el “trickle down economics” como filosofía económica de sus políticas, expresando así mucha más confianza en el mercado y el sector privado.

Como expresé en la primera parte de esta serie el gobierno del PPD implementó una de las primeras olas de privatización en Puerto Rico, vendiendo varias de las subsidiarias de la Compañía de Fomento industrial. Continuado con ello la política del estado colonial fue desde entonces fomentar la inversión del capital estadounidense en la Isla, la que resultaría en la expansión e intensificación del capitalismo allí. Aquellas políticas fueron articuladas movilizando la ideología y discursos del desarrollismo, lo que ganaría fuerza alrededor del mundo después de la segunda Guerra Mundial.

Para Immanuel Wallerstein (en So 1990) uno de los aspectos más notables de la trasformación capitalista de la posguerra fue la expansión absoluta de la economía mundial capitalista, particularmente en términos del valor producido, las fuerzas de producción, y la riqueza acumulada. Pero, el crecimiento considerable en los medios de producción significó una reducción masiva en el porcentaje de la población dedicada a la producción de bienes primarios, incluyendo bienes agrícolas. Se trataba de un aumento considerable de trabajadores asalariados dedicados a la industria de bienes manufacturados, una creciente proletarianización. En Puerto Rico el desvió a la industrialización y el abandono de la agricultura que se inició con Operación Manos a la Obra, y con ello el eventual aumento de trabajadores industriales (y la eventual reducción de trabajadores agrícolas), no era entonces excepcional sino parte de un proceso global. El gobierno colonial solo seguía una tendencia mundial.

Dejándose llevar por aquella fuerte corriente económica mundial el rol del Estado colonial administrado por el PPD se zambulló y nadó hacia la promoción de un nuevo modelo de producción capitalista, de paso esforzándose por preservar la cohesión social y justificando la legitimidad del Estado colonial quasi-autónomo, inaugurado como el ELA (Cabán 1989). Como indica Dietz (1986: 238): “Los mejores servicios de educación, salud, transportación y comunicaciones mejoraron el nivel de vida del pueblo, pero a la vez suplieron los requisitos mínimos de una fuerza trabajadora relativamente saludable y alfabetizada, y la infraestructura necesaria para la producción industrial capitalista, así como para su crecimiento y acumulación.” En ese sentido las políticas sociales y económicas del PPD contribuyeron a los que los marxianos llaman la reproducción de las relaciones sociales, incluyendo no solo las de clase sino también las coloniales. Dejaban intactos la dominación colonial y el sistema capitalista. Contribuyeron además a la producción capitalista del espacio, a la infraestructura necesaria para el desarrollo del capitalismo.

Otro patrón interesante, ligado también a la transformación del imperialismo y la economía capitalista sería el surgimiento de lo que Gélinas (1998) llamó la “ayudacracia.” Ya a inicios de los cuarenta Estados Unidos planificaba la posguerra a través de la Council on Foreign Relations, el Departamento de Estado y Office of Strategic Services (más tarde la CIA). La agenda era simple: reconstruir a Europa, contener el comunismo y beneficiarse de la descolonización. Esto último era esencial porque era la única forma de garantizar acceso a materia prima, mano de obra barata y nuevos mercados, todos necesarios para el crecimiento económico. A las excolonias se les ofrecerían acuerdos comerciales y asistencia técnica y financiera. Además, la agenda resaltaba la necesidad de establecer cuerpos internacionales dedicados a promover el desarrollo y la inversión privada.

Es importante notar que cuando Estados Unidos decidió unirse al grupo de países imperialistas en 1898 ya no quedaban muchas tierras a las que expandirse, por lo que expansión global de su capital nacional no podía depender de un imperio directo con colonias clásicas. Eso explica porque su imperio directo se redujo a unas cuantas islas en el Caribe y Asia. Y explica en parte los esfuerzos estadounidenses por promover el “libre comercio” y la descolonización. El “imperialismo moral” de Wilson y su catorce puntos ya reflejaban la amplitud global de las ambiciones neo-imperialistas de Estados Unidos. Se trataba, como plantea Smith(2003), de una Doctrina Monroe global. Y de hecho, aquella doctrina informaría la creación de la Liga de las Naciones. Aquella estrategia fracasó pero se reconocía desde entonces la importancia de construir un imperio informal. Por otro lado, Estados Unidos había construido su identidad nacional como una entidad distinta de Europa y su viejo imperialismo. Siempre mostró ambivalencia ante poseer colonias directas (Doty 1996).

Roosevelt y Truman también adoptaron las ambiciones neo-imperialistas y globales de sus predecesores. En 1944 el Presidente Roosevelt convino una conferencia monetaria y financiera en Bretton Woods también auspiciada por la Naciones Unidas, la que aún no existía oficialmente. Como resultado de aquella conferencia se acordó crear el llamado International Bank for Reconstruction and Development. El próximo año, 1945, los líderes de los Aliados—Roosevelt, Chruchill y Stalin—se reunieron en Yalta y desde entonces el mundo se dividió en dos—el bloque comunista y el bloque capitalista. Luego, en 1947, Estados Unidos adoptó la Doctrina Truman, por la cual los Estados Unidos se comprometían a ayudar a cualquier régimen amenazado por el bloque socialista. Se trataba de una postura típica de la Guerra Fría

Inicialmente, Estados Unidos dirigió su ayuda a Europa. En 1948 se firmó el Plan Marshall y se creó la Agencia de Cooperación Económica. La idea era enviarles fondos a los países europeos para la reconstrucción. Pero, ese dinero regresaba a Estados Unidos para la compra de los bienes necesarios para la reconstrucción. El Plan Marsahll beneficiaba más a los Estados Unidos que a los países europeos en reconstrucción. El Plan Marshall fue todo un programa de estímulo para la economía estadounidense. El Plan Marshall duró hasta 1952, año en que se fundó el ELA, pero la Organización para la Cooperación Económica Europea continuaría operando hasta 1961, cuando se convirtió en la Organization for Economic Cooperation and Development (OECD). El Plan Marsahll sentaría las bases para las estrategias de desarrollo, tan populares desde la posguerra, y de las que dependería el imperialismo informal estadounidense desde entonces (Gélinas 1998). El Plan Marshall era el experimento que llevaría al establecimiento de la ayudacracia. De hecho, tan pronto como en 1948, ya el ahora infame banco internacional comenzaba a atender a los llamados países subdesarrollados. Y en 1949 el Presidente Truman en su segunda inauguración anunciaba un nuevo programa de desarrollo fundamentado en “democratic fair dealing” y en el que condenaba el “viejo imperialismo.” En 1950 el Congreso adoptó el Acta de Desarrollo Internacional, la que autorizaba al Gobierno Federal a entrar en acuerdos bilaterales con los países subdesarrollados. Con ello comenzaba la institucionalización del desarrollismo, de la ayudacracia.

Es importante recalcar que la ayudacracia se institucionalizaba en el contexto de la Guerra Fría, era una herramienta para detener el avance del socialismo, el que ganaba adeptos entre los pobres de varios países subdesarrollados.

*Preparado para el curso HIST 4345: Puerto Rico Contemporáneo enseñado junto a Mario R. Cancel

Referencias

Beaud, M. (2000 [1981]). A History of Capitalism. New York: Monthly Review Press.

Cabán, P. A. (1989). The Colonial State and Capitalist Expansion in Puerto Rico. Centro, 2(6), pp. 87-100.

Dietz, J. L. (1989). Historia Económica de Puerto Rico. Río Piedras: Ediciones Huracán.

Doty, R. L. (1996). Imperial Encounters. Minneapolis: University of Minnesota Press.

Gélinas, J. B. (1998). Freedom from Debt. New York: Zed Books.

Smith, N. (2003). American Empire. Berkeley: University of California Press.

So, A. Y. (1990). Social and Development. London: Sage Publications.

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One Response to “La Transición al EstadoLibre Asociado de Puerto Rico (Tercera Parte)”

  1. Reblogueó esto en Puerto Rico entre siglos: Historiografía y culturay comentado:
    La tercera parte de la serie sobre el Estado Libre Asociado y el Imperialismo escrita por el Dr. José Anazagasty Rodríguez

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