Algunas observaciones sobre el proceso de matrícula: Comentarios esporádicos y sin editar

Lo único positivo que podría decir del pasado proceso de matrícula en el Recinto Universitario de Mayagüez es que ya finalizó. Al menos eso creo. Claro, no me sorprendería para nada que mañana, al llegar a la oficina, me vea obligado a atender una alta administrativa adicional o algo por el estilo. De cualquier forma, me temo que no es posible enunciar algo positivo, y mucho menos halagador o celebratorio, del proceso de matrícula en el Recinto Universitario de Mayagüez. Evaluarlo es solo viable desde una aproximación crítica.

No pretendo con una aproximación crítica una ofensiva contra el proceso y sus administradores. Mi intención es otra, lo que algunos llamarían una cítrica constructiva. Es constructiva porque como expresó Vicente Geigel Polanco: “Mejor sirve los intereses de la Universidad quien le señala una deficiencia, o le apunta una falla, o le indica un camino, que aquél que la colma de elogios, por fundados que éstos sean, o se limita a un recuento de los logros alcanzados” (8). He ahí mi propósito, servir los interese del RUM. Es innegable que las deficiencias y fallas de la institución en el proceso de matrícula son muchas. Pero debemos señalarlas.

En el RUM, la matricula es un proceso que aparte de vergonzoso es ineficiente, inefectivo, algo desorganizado y que, evidentemente, requiere de una mejor planificación. Además, y tomando en cuenta la experiencia de los estudiantes y de aquellos que les sirven durante el proceso (trabajadores docentes y no docentes) no podríamos sino concluir que se trata de una experiencia tristemente frustrante, agobiante, enajenante e inhumana. En adición, el proceso de matrícula en el RUM es un buen indicador de las deficiencias institucionales y administrativas del mismo, especialmente si evaluamos el proceso de matrícula a la luz de los estándares a los que debería ajustarse el proceso, muchos de los cuales son valorados y estipulados por la tan mencionada, famosa y temida Middle States Comission on Higher Education. Por supuesto, en el contexto de la falta de recursos humanos y materiales que actualmente caracterizan al RUM sería producto de una gran ingenuidad esperar una matrícula de gran calidad.

El proceso de matrícula debería estar fundamentado en una estructura administrativa y organizacional funcional. Claro, no se trata simplemente de que funcione sino de que funcione de forma eficaz. Pero, ¿Qué tan eficaz y funcional es la estructura administrativa y organizacional del proceso de matrícula en el RUM? La respuesta requiere de un estudio serio del proceso y de su organización, así como de su estructura administrativa. Sin embargo, las deficiencias y fallas durante el proceso de matrícula, palpable para los estudiantes y para aquellos de nosotros que participamos del proceso, demuestra la urgencia de contestar esa pregunta, y plantearse, de paso, la posibilidad de reestructurar la organización y administración del proceso de matrícula. Por supuesto, debemos considerar que los problemas del pasado proceso de matricula no son nuevos, sino mas bien problemas con una larga historia, dificultades que la institución no ha resuelto efectivamente en décadas.

Ni siquiera están claramente definidos, al menos no por escrito, los roles de los componentes institucionales en el proceso de matrícula y en la toma de decisiones con respecto a la misma. No conozco ningún documento, reglamento o política institucional que establezca manifiestamente cuál es el rol de los decanatos, departamentos y otras entidades y oficinas del RUM durante el proceso de matrícula. ¿Existe una política institucional debidamente establecida, documentada y regulada?

Un proceso de matricula efectivo requiere también de una coordinación igualmente efectiva de las relaciones entre los actores sociales envueltos—decanatos, departamentos y otras oficinas—asegurándose a su vez que el personal envuelto en el proceso de matrícula esté cualificado y que la cantidad de personal sea la suficiente para ofrecerle un buen servicio a los estudiantes. Aunque el Recinto cuenta con personal cualificado, este no cuenta con personal suficiente para atender la enorme cantidad de estudiantes que requieren servicios durante el proceso de matrícula, principalmente durante el proceso de ajustes a la matricula. Esa escasez de personal tiene como consecuencia adversa la sobreexplotación del personal administrativo y del personal docente y no docente que ofrece servicios a estudiantes durante el proceso. Por supuesto, la falta de personal resulta a su vez en un servicio deficiente para los estudiantes, quienes tienen que esperar largas horas para ser atendidos y que tienen que hasta soportar las rabietas de aquellos sirviéndoles, inclusive las mías.

El proceso de matrícula en el RUM está también caracterizado por una innecesaria complejidad. La organización descentralizada del proceso, un proceso del que participan demasiadas oficina y entidades, podría no ser la más adecuada y eficaz. En la mayoría de las universidades, sobre todo en los Estados Unidos, el proceso de matrícula es manejado casi en su totalidad por la Oficina del Registrador. Quizás, como en esos otros lugares, sea el manejo centralizado y concentrado del proceso de matrícula la organización más eficaz del proceso. En el RUM, sin embargo, persiste la anacrónica organización y administración del proceso de matrícula, confirmando la observación sociológica de que las instituciones sociales son inherentemente conservadoras. Aprovecho entonces para proponer que la administración le provea a la Oficina del Registrador los recursos humanos y materiales necesarios, y que tanta falta le hacen, para que esta maneje el proceso del matricula en su totalidad. La mayor parte de los decanatos y los departamentos deberían tener muy poco que ver con el proceso de matrícula y con el servicio a los estudiantes durante ese proceso.

Un buen proceso de matrícula depende también de la distribución planificada, eficiente y justa de los recursos humanos y materiales, condiciones palpablemente ausentes en el manejo del proceso de matrícula en el RUM. Uno de los recursos más importantes antes, durante y después del proceso de matrícula, aparte de los recursos humanos, indudablemente escasos en el RUM, es la diseminación de la información adecuada y útil para el proceso. Es importante, por ejemplo, que los departamentos cuenten con al menos alguna proyección del número de estudiantes admitidos cada año. Es inaceptable que los departamentos no supieran sino hasta tarde en el proceso de matrícula—durante el periodo de ajuste a la matrícula para ser preciso—la cantidad de estudiantes de nuevo ingreso que debían atender. Es fundamental que los coordinadores del proceso de matrícula institucionalicen el uso de proyecciones y análisis estadísticos que tomen en consideración las tendencias históricas en el número de estudiantes admitidos cada año, las tasas de graduación y retención, datos sobre traslados internos y externos, bajas, etc. Esta información sería de gran utilidad para que los departamentos puedan planificar adecuadamente su oferta académica.

La disponibilidad de salones es también un recurso importante. Es inaceptable que los departamentos tengan que mantener secciones cerradas por falta de salones y/o que sea tan difícil conseguir salones. Otro recurso importante es la tecnología. Las fallas tecnológicas del proceso son legendarias. Por ejemplo, durante el pasado proceso de ajustes a la matricula el sistema falló, lo que obstaculizó y complicó seriamente el proceso. Esto resultó en la extensión del periodo de matrícula, inclusive hasta después de varios días de haber comenzado las clases.

Y por supuesto, un recurso esencial que debe ser siempre considerado en cualquier proceso de matricula son los trabajadores docentes disponibles para ofrecer cursos. La consecuencia adversa de la ya tradicional y legendaria falta de profesores es la limitada oferta de cursos para nuestros estudiantes. Otra consecuencia derivada de la falta de profesores es que cientos de ellos acudan a los departamentos durante el proceso de matrícula tratando de conseguir cupos en secciones ya cerradas. Eso también explica, por supuesto, el hacinamiento en muchos de nuestros salones y el que muchos profesores tengan que dictar cursos con más de treinta estudiantes registrados. Semestre tras semestre el Recinto Universitario de Mayagüez termina dependiendo de compensaciones adicionales a los profesores, contrataciones de profesores con nombramiento temporero, y ayudantes de cátedra. Depende además de la buena fue de varios profesores que cada semestre ofrecen cursos ad honorem y por acuerdo.

Me temo que la mayor parte de los problemas en el proceso de matricula se derivan precisamente de un desbalance entre el número de estudiantes que sirve el Recinto y el número de profesores disponibles para enseñarles. Ese es el problema fundamental del proceso de matrícula. Mientras exista ese desbalance el proceso seguirá siendo tan difícil como siempre lo ha sido. Y en el contexto del abandono de la UPR por parte del gobierno de Puerto Rico, ese desdichado Estado fracasado, y tomando en cuenta las medidas cautelares que limitan nuevas contrataciones y nombramientos de profesores, y que además obstaculizan la retención de nuestros profesores, no hay suficientes razones para ser optimistas. Antes, ahora y siempre. ¡Funesta matricula!

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4 Responses to “Algunas observaciones sobre el proceso de matrícula: Comentarios esporádicos y sin editar”

  1. Gracias por compartir estas notas, José.

  2. Tu exposición demuestra una de las grandes contradicciones de la Universidad de Puerto Rico en la Era Neoliberal. El Estado sueña con transformar la institución en una empresa eficiente y lucrativa al modo en que puede serlo una fábrica de títulos universitarios. Pero a la vez mantiene unos patrones de funcionamiento artesanales sobre la base de una burocracia anquilosada, enmohecida e incluso absurda. El problema es que los costos -emocionales y materiales- de este proceso lo pagan los profesores y los estudiantes mientras las tensiones entre estos dos sectores aumentan y la fosa entre los proyectos de ambos se hace insalvable. Soy pesimista: nadie te escuchara más allá de un par de curiosos. Más allá de los Departamentos, nivel en donde todavía se respira humanidad, la burocracia insensible domina. Es una pena como se está destruyendo una “Universidad”, mientras nos mostramos incapaces de inventar otra “Universidad” más allá de la nostalgia. Cuídate.

  3. Muy de acuerdo. Aunque mi exposición responde a una petición del Decanato de Asuntos Académicos esta no tendrá ningún efecto en la administración y organización de la matrícula. Comparto, como refleja mi exposición, tu pesimismo con respecto a la matrícula y a la Universidad. Nuestro pesimismo nos distancia de Vicente Geigel Polanco. Desde su punto de vista, los 30 eran tiempos de renovación. Nuestro tiempo es, sin embargo, de decadencia tremenda.¿nos encontramos ante el ocaso de la UPR? Quisiera pensar que no pero . . .

  4. Saludos José:

    Estoy de acuerdo con tus plantaemientos, buscamos lo que no tenemos y tenemos lo que no buscamos. El empeño de mantener una Universidad deficiente para justificar la línea determinada por los Gobiernos de turno, es una posible explicación.
    Cuidate mucho, presento mis respetos y siempre agradecido; y saludos a la familia.
    Antonio Nieves

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