Sobre Canceres, Huelgas, Pactos y Edgardo Rodríguez Juliá

El pasado 13 de junio de 2010 El Nuevo Día publicó un comentario de Edgardo Rodríguez Juliá titulado “Nuestro Cáncer.” Planteo que aun si reconocemos su particularidad el comentario es también de alguna manera sintomático de un discurso relativamente nuevo que crítico de la izquierda y la derecha es ambidiestro. Me refiero al discurso que Anthony Giddens llamaría la “Tercera Vía”.  La crítica del autor de El Entierro de Cortijo a la derecha y a la izquierda latinoamericana al comienzo de “Nuestro Cáncer” confirma tentativamente mi suposición. Podría equivocarme. Pero no me interesa tanto encajar la posición de Rodríguez Juliá en la tercera vía sino más bien dirigir la atención al concepto de “pacto social” de este escritor.

Para el lector de “Nuestro Cáncer” la aproximación de ese concepto a la anticuada noción del “contrato social” debería ser evidente. Los contratistas sociales de hace varios siglos, en un intento por explicar y justificar el Estado, plantearon que los seres humanos vivían en un “estado natural” caracterizado por la ausencia del orden social. En un intento por establecer un orden los seres humanos llegaron a un acuerdo que dio paso al Estado. Y de hecho el concepto, al menos hace varios siglos, gozó de mucha popularidad entre los intelectuales, para quienes fue una herramienta de utilidad en la explicación y justificación del ordenador por excelencia, el Estado.

La visión que Rodríguez Juliá tiene de Puerto Rico no es muy distinta del “estado natural” descrito por algunos contratistas sociales. Para el famoso escritor nuestra sociedad posee “un grave problema institucional.” Recordemos, que como diría cualquier sociólogo, las instituciones sociales son mecanismos y estructuras de orden social. Afirmar que una sociedad particular, Puerto Rico en nuestro caso, posee un grave problema institucional, y lo posee, es alegar que tiene un problema de orden social. En ese estado isleño de desorden, reminiscente del “estado natural” descrito por Thomas Hobbes, reina según Rodríguez Juliá, la “incesante discordia.” Para Rodríguez Julia necesitamos restablecer el orden social, promover el consenso y adelantar un nuevo pacto social, uno fundamentado en el consenso.

Pero se pregunta Rodríguez Juliá: “¿Qué es lo que imposibilita ese pacto social mínimo que nos posibilitaría retomar un derrotero de trabajo y armonía?”La respuesta de Rodríguez Juliá: el asunto del estatus político de la isla.  Como muchos otros intelectuales puertorriqueños Rodríguez Juliá reduce muchos de los graves problemas sociales del país y toda su complejidad al asunto del estatus. Según el autor el asunto del estatus es precisamente el principal motor de la “incesante discordia” que impide el consenso, la traba al pacto social. La respuesta del autor es un ejemplo clásico de reduccionismo.

Pero para el escritor la cuestión del estatus no solo promueve la discordia sino que nos mantiene en una fase de infancia política. Para Rodríguez Juliá “somos un pueblo adolescente.” Nos encontramos, plantea el autor, en “un estado de infantilismo político.”  Confieso que sus declaraciones  me dejaron algo aturdido. No podía creerlo. Hasta pensé que se trataba de una broma. Pero me temo que no.

Una cosa es que el autor de “Nuestro Cáncer” movilizara ideas similares a las de los contratistas sociales, otra enteramente distinta que recurriera a una de las estrategias retóricas favoritas de los colonialistas.  Debemos recordar que la metáfora parental y/o la oposición binaria entre progenitores e infantes, es muy común en el discurso colonialista. La economía textual de esta alegoría devalúa y empequeñece al sujeto colonizado convirtiéndolo en un sujeto necesitado de la guía “benevolente” pero fuerte del colonizador, de su padre.  También permite distinguir entre niños buenos y malos, entre las colonias subordinadas y aquellas que se resisten al poder colonial. Para muchos colonialistas estadounidenses Puerto Rico era un niño bueno comparado con niños malos como Las Filipinas. En “Nuestro Cáncer” Rodríguez Juliá moviliza el infantilismo como alegoría de nuestro limitado desarrollo político.

Que Rodríguez Juliá movilizara la metáfora parental confirma que como observó Ashis Nandy alguna vez el occidente no solo produjo el colonialismo moderno sino también muchas de las interpretaciones del mismo, incluyendo muchas de las interpretaciones de los colonizados, tanto que Gayatri Chakravorty Spivak tuvo que preguntarse si era posible que el subalterno hablara. Como Rodríguez Juliá, muchas veces interpretamos el colonialismo desde una perspectiva atrapada por el mismo, desde los confines del discurso colonialista. Y ese si es un cáncer difícil de vencer. Es remediable pero requiere de grandes esfuerzos.

Los comentarios de Rodríguez Juliá acerca de la huelga estudiantil en la UPR también me parecieron muy lamentables. Sus comentarios, también reduccionistas, rayan en el simplismo. Primero, la transformación de la universidad pública, un fenómeno global, ligada entre otras cosas a la deserción estatal de la misma (reducción de fondos públicos), no es un mero asunto de consignas políticas. Es un proceso complejo y multidimensional que envuelve, por supuesto, luchas políticas entre diversos actores sociales, y como tal ideología y consignas. No podemos, no obstante, reducir esa complejidad, como pretende Rodríguez Juliá a esas consignas ideológicas. Además, la transformación de la universidad, incluyendo la de las universidades privadas, está ligada a su inserción en la economía del conocimiento, lo que permite al capital trastocar como  nunca antes las ya porosas fronteras entre lo público y lo privado, a favor, claro está, del capital.  Para aquellos que nos oponemos a ellos no podemos sino hablar de lo público y de lo privado, de su transformación en la era neoliberal.

Segundo, no se trata solo de aportar al sostenimiento de la universidad. Muchos estudiantes han aportado a esa causa. La huelga misma podría interpretarse como tal. Y estoy seguro de que muchos empleados, docentes y no docentes, estarían dispuestos a contribuir, hasta sacrificando algunos beneficios adquiridos (lo que no deberían ni considerar). Pero aun si aceptáramos que todos debemos aportar, lo que aun no está del todo justificado, no se trata de que la aportación sea universal sino de que la misma sea equitativa y justa, que todos aporten lo que le corresponde, no que unos contribuyan y sacrifiquen mucho más que otros.  Las propuestas de la administración universitaria son en ese sentido desiguales e injustas.

Quisiera pensar que me equivoco y  que “Nuestro Cáncer” es quimera literaria, un juego intelectual de Rodríguez Juliá, un ejercicio en la que el autor escribe un comentario-ficción controversial para provocar respuestas como la mía, promoviendo el dialogo sobre estos asuntos, el surgimiento de lo que el propio Rodríguez Juliá llama “adversarios” y no “enemigos.” No lo sé. Pero si es así que nos lo diga el propio autor.

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2 Responses to “Sobre Canceres, Huelgas, Pactos y Edgardo Rodríguez Juliá”

  1. Comparto tu opinión sobre los argumento que usa Rodríguez Juliá para conversar sobre la Huelga Universitaria. No añado nada nuevo a ello. Pero si el lector deja a un lado las simplificaciones teóricas propias en que se apoya una columna de opinión publicada en un diario de circulación general ¿con qué se queda? Con una postura de centro caracterizada por una moderación política fácil de aceptar por los lectores menos opinionados. Se trata de un discurso que, en gran medida, traduce las posturas de los voceros culturales que favorecen la globalización y que frecuentan el centro político en el país. A veces me he visto tentado a identificarlos como “Nacionalistas Culturales Tardomodernos” o la “Generación Post-936”. Hay en ellos una voluntad de evadir lo que consideran “extremismos” y, por lo regular, lo hacen en persecusión de un “equilibrio perdido” que resulta tan vacío de contenido como las teorías del “Contrato Social” y el “Organicismo” al que apelaron con tanta premura desde los Providencialistas hasta los Modernos. No creo que no haber completado la Nación implique inmadurez o adolescencia.

    Coincido con buena parte de las posturas de Edgardo: las Izquierdas hoy parecen apoyarse con fuerza en el ensueño de un Neo-Novotratismo trasnochado. Y una parte vociferante de la Derecha no ha salido de la pesadilla de la Guerra Fría o de la idea de la Sacralidad de la Propiedad y el Mercado, de mucho más abolengo que la otra. Pero me consta que ser Post-Izquierdista no es fácil en tiempos del Chavismo o el Sandinismo o el Socialismo del Siglo 21. Tampoco debe ser sencillo ser Post-Centrista o Post-Derechista.

    La diferencia es que desde la Post-Izquierda algunos reflexionamos -defensiva u ofensivamente- sobre lo que significó la Izquierda con su vieja historia de más dos siglos. Pero ese ejercicio no se ha elaborado desde el Post-Centro o desde la Post-Derecha. Sería saludable alentar un debate sobre esto pero no creo que haya mucha gente disponible para enfrentar la vacuidad obscena de su tradición ideológica.

  2. jose anazagasty Says:

    Estoy de acuerdo contigo. Sería intersante tanto las reflexiones de estos grupos de post-derechars y post-izquierdas como un dialogo entre ellos.

    En la izquierda estadounidense el neo-novotratismo ya ha sido examinado y criticado por algunos intelectuales marxistas, los cuales están precisamente embarcados en un proyecto para repensar el marxismo (revista Rethinking Marxism). Rick Wolff es un buen ejemplo (lo discutí en una entrada previa). Para este lo que llamas el neo novotratismo se trata de un capitalismo de estado.

    Esto de los nacionalistas culturales tardomodernos suena interesante. Deberíamos discutirlo en el futuro.

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