La mitología capitalista, el Estado y el “reino de todavía”

El sistema invisible tendrá su precio,

Su frontera y tamaño, su analogía.

Dios le llaman algunos, otros Comercio,

Mas para mi es el Reino de Todavía.

De la canción “Reino de Todavía” de Silvio Rodríguez

El estado neoliberal es un estado benefactor, acérrimo bienhechor cuya máxima fundamental es la prosperidad de los capitalistas, los bienaventurados amos del “reino de todavía.” Desde esta perspectiva la noción del neoliberalismo como una serie de políticas que promueven la no intervención del Estado en la economía capitalista es sencillamente una ficción. Este es precisamente el planteamiento del economista Dean Baker en un artículo publicado recientemente en el ejemplar primaveral de la revista Dissent. Baker rechaza el llamado mito de lo que George Soros llamó el fundamentalismo de mercado y/o capitalismo laissez faire. Me uno a los esfuerzos para desmistificar el mito.

El mito afirma que el libre mercado es el único sistema capaz de facilitar la mayor equidad y prosperidad posible. El mito también afirma que la intervención estatal—de los gobernantes—en el mercado disminuye el bienestar social. Oponiéndose a ambas suposiciones y sobretodo a la reificación del libre mercado, Baker rechaza que exista tal cosa como un libre mercado guiado por una mano intangible con agencia propia.

Baker refuta también la presencia de los fundamentalistas del libre mercado, pues los conservadores promueven la intervención gubernamental tanto como la izquierda. La única diferencia es que los primeros solo promueven la intervención gubernamental a favor del capital. Los conservadores, hoy defensores del neoliberalismo, rechazan categóricamente el welfare pero apoyan tenazmente el wealthfare y la redistribución de la riqueza a favor de los capitalistas. Además, los conservadores son muy diestros en disimular y encubrir sus intervenciones a favor del capital. Son virtuosos en el manejo de la hegemonía neoliberal; hábilmente persuaden al público de que la distribución desigual de la riqueza es producto de las operaciones normales del mercado capitalista, de la conducta natural y sabia de la mano invisible.

Los conservadores y neoliberales puertorriqueños no son la excepción. Ellos también trabajan arduamente para asegurar la intervención estatal en el mercado y garantizar la acumulación de capital y el traslado injusto de la riqueza a las ya llenas arcas del capital. En la Isla, el ejemplo mas reciente de intervención gubernamental para beneficio del capital es el pedido de ayuda que le hiciera el gobernador Luis Fortuño al gobierno estadounidense para rescatar el sistema financiero local de la ruina y que resultó en la consolidación de una tercera parte del sector bancario local.

Desde que comenzó su terrible administración algunos observadores han llamado al gobernador incompetente y otros, haciendo uso de esas “embarazosas insinuaciones fálicas” que contiende Edgardo Rodríguez Juliá, le han llamado “mamao.” Pero si consideramos que la meta de su administración es garantizar la acumulación de capital  y con ello la distribución desigual de la riqueza entonces nada está más lejos de la realidad. Al contrario, y como demuestra su rescate de la banca local, la administración Fortuño ha sido eficiente y exitosa en sus esfuerzos a favor del capital. A pesar de su conservadurismo y apego al neoliberalismo Fortuño está muy lejos de ser un fundamentalista de mercado.

El rescate fortuñista de los bancos también confirma que el neoliberalismo no envuelve el debilitamiento del Estado sino la redefinición de la forma en el que el mismo interviene en la economía. El estado no ha abandonado sus funciones económicas e interviene constantemente en la economía precisamente para corregir “fallas” en la coordinación de los mercados. Su rol ha sido redefinido para ofrecerle al capital las recompensas inmediatas de la privatización y de la legislación favorable a la acumulación de capital.

Para Baker, confrontar la intervención gubernamental pro capital requiere rechazar y desmitificar el mito del capitalismo laissez faire. La idea de que el libre mercado es el protagonista responsable de la seguridad financiera de unos y de la inseguridad económica de otros es una tontería. Los responsable son lo actores políticos cuyas políticas gubernamentales benefician a unos grupos, organizaciones y corporaciones a la vez que desfavorecen a otros grupos. El deber de la izquierda es alterar las reglas del mercado para garantizar resultados distintos a los que vemos hoy y que solo favorecen al capital. Como plantea Baker:

A serious long-term progressive agenda must move away from focus on tax-and-transfer policy and instead concentrate on changing the rules that lead to undesirable market outcomes. We must be as aggressive and creative as the Right in designing new rules that redistribute income downward rather than upward. And, we must bury the concept of “free market fundamentalism.” There are no free market fundamentalists in this debate, just conservatives who want to pretend that their rules are the natural workings of the market. Progressives should not help them in this effort.

En Puerto Rico no existe tal agenda y la izquierda, incluyendo a los socialistas, hasta guarda silencio ante la intervención gubernamental a favor de la banca local. Su silencio le tiende la mano al capital y a la mistificación de la mano invisible de ese perverso “reino de todavía.”

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