Romper el espejo: Carlos Alberto Montaner y el espejo eurocentrista

Recientemente me topé  en Historia Paralela con una polémica entre  el Profesor Haroldo Dilla Alfonso y Carlos Alberto Montaner que surgió como secuela a un artículo de Dilla titulado “Puerto Príncipe: El terremoto fue solo quien haló el gatillo, la pistola es la pobreza.” Comparto mis comentarios sobre los argumentos de Carlos Alberto Montaner con respecto a la “africanización” de Haití, comentarios que considero euro centristas.

No debe sorprendernos el profundo eurocentrismo de Carlos Alberto Montaner. Su eurocentrismo, un agente deformador de la historia latinoamericana, puede palparse en sus comentarios acerca de la europeización de Barbados y la africanización de la vida pública en Haití. Sus palabras confirman las observaciones de Aníbal Quijano con respecto al eurocentrismo: cuando el eurocentrismo es aplicado a la experiencia histórica latinoamericana, esta perspectiva de conocimiento opera como un espejo que deforma lo que refleja, encubriendo lo que somos más allá de la imagen en el espejo.

Claro, la imagen que encontramos en ese espejo no es del todo ilusoria, ya que poseemos muchos y tan significativos rasgos históricos europeos en varios aspectos, materiales y culturales. Negarlo sería absurdo. Asimismo sería desatinado negar que también  seamos en muchos rasgos y aspectos distintos a los europeos. Cuando desde una perspectiva euro centrista miramos nuestro reflejo en el espejo vemos una imagen necesariamente parcial y distorsionada que niega, y en la mayoría de los casos, devalúa, esos rasgos y aspectos que nos hace distintos. Es precisamente, y como confirma Haroldo Dilla Alfonso en su respuesta a Montaner, la imagen quimérica que construye este ultimo, una imagen profundamente parcial y deformada, además de lamentable.

El eurocentrismo, como perspectiva de conocimiento,  se ha propagado considerablemente por toda América Latina. Es de esperarse que alguien la movilizara  para comentar la situación de Haití. Después de todo, y como reconoce el propio Quijano,  todos hemos sido conducidos, sabiéndolo o no, queriéndolo o no, a conocer y consentir la imagen euro centrista, distorsionada y triste, no solo como nuestra sino como referente a nosotros exclusivamente. De esa manera seguimos siendo lo que no somos. Seguir siendo lo que no somos pero pensamos que somos es el efecto-ficción del  eurocentrismo. Y como consecuencia de esa ficción no podemos nunca  reconocer nuestros serios problemas, mucho menos solucionarlos, a no ser de una manera tan parcial y distorsionada como la imagen en el espejo euro centrista.

Lo que sucede con la interpretación distorsionada de Montaner es precisamente que se queda aferrada  al espejo, atrapado en la visión esquemática de Occidente-es-héroe.  Después de todo, es precisamente aferrarse a esa imagen lo que desde la perspectiva de Montaner puede garantizar el progreso en América Latina. Para él, lo que explica el éxito de Barbados es esencialmente que sus habitantes, sobretodo sus lideres políticos, se sujetaran a las practicas occidentales. Inversamente,  el fracaso de Haití se debió a que los haitianos rechazaran la europeización a favor de la africanización de la vida pública. Para él, los haitianos no fueron capaces de instituir la democracia, la modernidad y el desarrollo capitalista porque ellos mismos optaron por saltar del “barracón a la casa de gobierno” y optaron por modelos africanos de la vida pública. Y es esta aseveración euro centrista  lo que le permite a Montaner afirmar lo siguiente: “Los barbadenses asimilaron las instituciones británicas y rompieron gradualmente con la Metrópolis. Los haitianos, heroicamente, pero carentes de una clase ilustrada capaz de manejar la autoridad eficazmente, saltaron del barracón a la casa de gobierno. Fue una gesta admirable en su momento, pero el costo posterior ha sido terrible.”

La afinidad de estas palabras con el discurso colonial es innegable y lamentable.  Comparte muchas de las premisas de ese discurso y practica que hoy todos reconocemos como racista y etnocentrista. Una de las características esenciales de ese discurso y practica era negarle a los nativos el gobierno  propio por considerarlos incapaces de gobernarse a si mismos, de “manejar la autoridad eficazmente.” Tal parece, si aceptáramos como cierta la aseveración de Montaner, que la situación actual de Haití confirma la conclusión colonialista: que los haitianos no son capaces de gobernarse a si mismo de forma efectiva. Tal parece que desde la perspectiva de Montaner el periodo colonial es obligatorio para el progreso. Afortunadamente no es cierto. La situación de Haití tiene muy poco que ver con una alegada “africanización” de su vida política o con una falta de europeización. Las palabras de Montaner comparten también el carácter clasista del discurso colonial, pues para él solo la presencia de una clase ilustrada y liberal garantiza el progreso. Según el, la presencia de esa clase garantizó el éxito de Barbados.

Montaner no solo convierte a Occidente en protagonista de la historia sino que además  convierte su cultura, sobretodo su cultura política, en el modelo a seguir. Desde su perspectiva solo la europeización puede garantizar el progreso en Haití y el resto de América Latina. Pero al asignarle dicho valor a  la cultura occidental Montaner devalúa la cultura africana y también la haitiana. Y esa es precisamente la imagen distorsionada y retorcida de Haití que categóricamente debemos rechazar.  Destrocemos el espejo.

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