La Economía del Conocimiento y la Universidad Cercada

Hace unos meses escribí un capitulo para un libro sobre la universidad titulado Mammon en la universidad: reflexiones esporádicas para una utopía universitaria pos neoliberal. El propósito del texto era considerar, desde una perspectiva utópica, las posibilidades de transformar la universidad pública. Comparto algunas de las ideas expuestas en ese capitulo.

¿Por qué transformarla? Porque como plantea Marcela Mollis:

“En la llamada década perdida para el desarrollo económico, para la equidad y para la justicia social, las universidades han perdido su razón d’être. Al quebrarse el contrato social con el Estado y ser arrojadas a las fuerzas del ‘todopoderoso mercado’, las universidades públicas y privadas de América Latina comenzaron a transitar la “mercadotecnia” como una alternativa para recuperar su debilitado financiamiento y buscar una nueva identidad.”

Es necesario y urgente detener su vuelco a la mercadotecnia. Pero no todo es culpa de la dejadez estatal. La creciente expansión e intensificación de la economía del conocimiento también ha estimulado el cerco capitalista de las  universidades públicas. Las universidades, abandonadas por el Estado y cercadas por el capital, optan por alterar su identidad como instituciones educativas para parecerse como indica Mollis a un tienda, “donde el estudiante es cliente, los saberes una mercancía, y el profesor un asalariado enseñante.” En ese contexto, la organización de la investigación y la enseñanza universitaria son progresivamente sustentadas y directas o indirectamente controladas y patrocinadas por intereses comerciales y corporativos.

El giro a la mercadotecnia está relacionado a varios procesos subyacentes. Primero, el capital despoja progresivamente al trabajador intelectual universitario de su  iniciativa en el proceso productivo, provocando no solo su enajenación del producto de su trabajo sino también su desaparición como un sujeto relativamente marginal en los circuitos del capital. Un segundo proceso subyacente es la integración del conocimiento universitario al ciclo del capital, la subsunción formal y real del mismo. El conocimiento es en nuestros días fuerza de producción y reserva de capital. Finalmente, el giro a la mercadotecnia está relacionado a la integración de la universidad a un “sistema científico” disciplinado por el neoliberalismo, por eso que el sociólogo Pierre Bourdieu llamó la “maquina infernal.” El neoliberalismo urge privatizar, capitalizar, comodificar y mercantilizar el trabajo intelectual y el conocimiento para hacerlos parte integrante de la constitución orgánica del modo de producción capitalista y favorecer así su movimiento en la creciente articulación de la producción y la reproducción “glocal” del plus valor. El resultado de estos procesos: el trabajo intelectual, el conocimiento universitario y la universidad misma, una vez integrados a los circuitos del capital, pierden su autonomía progresivamente.

Ante la integración de la universidad a la economía capitalista del conocimiento debemos preguntarnos, como lo hizo Jacques Derrida,  si puede esta afirmar su autonomía, reivindicarla, sin nunca tener que, dada la abstracción irrealizable de una soberanía absoluta, rendirse y entregarse sin condición, dejarse asediar y comprar a cualquier precio. Si puede o no depende, en gran medida, de la relación de fuerzas entre aquellos actores que promueven su inserción a la economía del conocimiento y aquellos que buscan reafirmar su autonomía ante las fuerzas del mercado capitalista. Los primeros, y muchos de ellos son actores internos a la universidad pública, están siendo exitosos. Y el éxito de los segundos depende de su habilidad de publicar armas y declarar una “guerra de posiciones” contra los primeros que les permita cuestionar la comodificación y subsunción formal y real de ambos, el trabajo intelectual y el conocimiento mismo, en las redes del capital. Un proyecto universitario pos neoliberal requiere entender y confrontar dichos procesos y reafirmar como posibilidad histórica, aunque desde una perspectiva distinta a la de Derrida, la libre profesión: la libertad incondicional y total de interrogación y de propuesta, e inclusive, y mas significativo aun, de decir pública y abiertamente todo lo que la búsqueda de la verdad exigen, aun cuando lo que digamos esté en contra del Estado y del capital.

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